domingo, febrero 15, 2009

lección de democracia

LECCIÓN DE DEMOCRACIA

Por: Felipe Chávez G.

www.oscarfelipechavez.blogspot.com

13/2/09

Mi profe de sociales tiene unas piernas largas, delgadas y bonitas como un ave. Cuando nos cuenta alguna historia, me la imagino volando hasta su casa con las alas que se esconde cada mañana antes de entrar al salón.

Mi profe es bonita y no se parece a ninguna otra profesora. No se parece a la profe bigotuda de las clases de español, ni al panzón de inglés que habla enredado y nadie le entiende. No se parece a la jirafa que dicta ciencias, ni al enanito bonachón de matemáticas. Mi profe es bonita como mi mamá en la foto de sus quince años. Mi profe es tan bonita como un domingo en el parque, como un salón lleno de videojuegos, como un año de estudio pero sin exámenes.

Desde que conocí a mi profe a principios del año, tengo mas ganas de levantarme para ir al colegio. Mientas ella llena el tablero de fechas y nombres importantes, yo me la imagino en la tranquilidad de su hogar, evaluando nuestras previas y preparando algún material para la próxima clase. Sé que antes de dormirse ella piensa en mí como yo en ella y que el Dulce Jesús Mío escucha mi oración y la cuida hasta el amanecer.

Mi profe es tan bonita que no necesita sonreír para verse hermosa, pero cuando sonríe, una luz intensa invade el salón y todos quedamos maravillados de emoción al reconocer en su brillo un sentido profundo de la vida.

Ayer en el recreo mi rodilla sufrió un porrazo jugando rejo quemao. Mi profe se asustó, acarició mi cabello, me limpió la herida con una pócima mágica y me calmó el ardor. Tal vez mi profe no lo sabe pero sus manos sabias tienen el poder de la sanación.

Yo no se muy bien qué es lo que siento cuando la veo, pero es como un vacío detrás de las costillas, con comezón por todo el cuerpo. Cuando el fin de semana se hace muy largo, me pongo a recordarla para que el lunes llegue mas rápido, pero las horas pasan lento sin su compañía.

Cuando entramos al salón, ese cabello crespo tan arregladito suelta un aroma de flores que me acompaña durante todo el día. Ahora en los recreos me da pereza jugar fútbol y prefiero acostarme en el pasto a buscar el rostro de mi profe entre las nubes y cuando hay mucho sol, cierro los ojos y recuerdo el aroma del cabello de mi profe.

Mi profe tampoco sabe que entre las clases yo dibujo el movimiento de su melena y las formas de su falda en el cuaderno de tareas. Tampoco sabe que si entrego todos los trabajos a tiempo es para demostrarle que ya entendí lo que significa el valor de la semana: la responsabilidad.

Hace unos días la profe me hizo una nota de felicitación por mi redacción sobre la independencia de la República, me corrigió unas tildes y me puso un sellito alegre.

Cuando sus ojos se cruzan con los míos, le sonrío y en un lenguaje de parpadeos que estoy inventando le digo que la quiero, que soy una mejor persona desde que la conocí, que me esfuerzo por ser buen ciudadano y que algún día usaré mi voto para elegir a alguien no corrupto; porque ella dice que para eso debemos usar el voto.

El tema del voto me ha tenido cabezón desde hace unas semanas. Mi profe dice que el voto es la base de la democracia, que tenemos el poder de elegir y ser elegidos. Por eso estoy empezando a sospechar que mi profe también me quiere y que utiliza un lenguaje en clave para decirme que cuando pueda votar la puedo elegir y ella me elegirá a mí.

Cuando yo pueda votar, ya habré salido del colegio, iré a la universidad donde ella estudió, para aprender todo lo que sabe y siguiendo su ejemplo algún día seré profesor. En ese tiempo mi profe ya no será mi profe sino mi compañera de trabajo. Yo la llevaré en mi moto hasta el colegio y le daré un tinto antes de empezar las clases. En los recreos nos sentaremos en el pasto y en las nubes apareceremos los dos tomados de la mano.

Ya hice cuentas y en ese tiempo yo mediré quince centímetros más que ella, tendré entre 20 y 25 años y mi amor habrá crecido mucho. No pude calcular cuántos años tendrá ella porque no sé cuántos tiene hoy, pero calculo que ella será todavía más bonita, sus faldas serán más coloridas, las flores de su melena serán más esponjadas y con el lenguaje de parpadeos que inventé le desearé un feliz día cuando la vea en el patio volando con sus piernas largas, delgadas y bonitas, como un ave.

A Diana Garay

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