lunes, mayo 29, 2006

ANA

ANA

Ana envolvió sus alas en papel periódico, en este lugar no las usaría, levantó el colchón, las extendió procurando no doblar las puntas de las plumas, bajó el colchón suavemente y procuró olvidar que algún día las tuvo puestas...

Esa noche no durmió tranquila porque algo le faltaba, acostumbrarse a dormir boca arriba le costó solo dos semanas, justo cuando encontró a quienes serían sus amigas.

Entraron a estudiar a un sitio que no era muy diferente a una jaula, Andrea, la más alta saludó primero, le invitó un refresco. Después llegó Francia y le dio la bienvenida, todas habían sido nuevas alguna vez y no querían que Ana padeciera lo mismo. Le enseñaron los jardines, las canchas y explicaron muy debidamente los escondites y las salidas de emergencia. A la tercera semana de clase Ana ya había olvidado su pasado, empezó a sentirse parte de este grupo de amigas que cada día le enseñaban algo nuevo de la ciudad.

Las calles, los buses y hasta el señor de la tienda le empezaron a ser familiares. La señora del aseo la saludaba con una sonrisa, el vigilante le decía señorita y hasta tenía la impresión que los árboles movidos por el viento le hacían venia al verla pasar.

Andrea y Francia se sentían orgullosas de ser el grupo de las niñas lindas, aunque sabían que la belleza era de Ana, que al tener tanta, les regalaba la que les sobraba. Las tres inseparables empezaron a crecer, a ir al cine el martes por la tarde y a bailar el viernes por la noche, algunas veces hasta estudiaban.

No se separaban ni para ir al baño, pasaban tanto tiempo juntas que empezaron a parecerse, usaban ropa parecida, gestos parecidos y sus palabras eran tan parecidas que daban la impresión de ser una sola persona, Ana aprovechaba para aprender e imitarlas mas, pero no importaba, al fin y al cabo eran las mas hermosas del colegio, y a las hermosas se les perdona todo...

Pero a Francia no la perdonaron, ni sus padres ni el colegio. Al año siguiente fue ella la primera en abandonar el grupo por un muchacho que le dejó la vida en su vientre. Andrea fue la segunda en irse lejos porque sus padres consideraron prudente apartarla de tan malas compañías. Esa niña Ana era muy extraña, llegó a la ciudad pero nadie sabía de su pasado, ni de su familia. Esa niña Ana era demasiado correcta en sus modales, como ya no se ven jóvenes por acá, esa niña Ana era demasiado rara para estar con una niña de bien, como Andrea.

El grupo se había terminado, Ana volvió a sentir extraña la calle y al señor de la tienda, volvió a sentir como si ya no hiciera parte de esos árboles que hacían venias y para sentirse parte de la ciudad decidió seguir imitando a sus amigas.

Aceptó ir a cine, salir a bailar y fue ella la que decidió llevarlo a casa. Ya en su cuarto aprendió a besar, apagó la luz para que él no viera su espalda, con los ojos de él conoció por fin su desnudez, al sentarse en la cama recordó sus alas y su pasado, pero cerró sus ojos, mordió su labio y se arriesgó al futuro, fue feliz.

Nunca imaginó que en éste mundo se hallaran felicidades tan grandes, después sintió tener vida entre su vientre ¡Había ganado su lucha con el futuro!. Pero no era lo debido, no ahora, no aquí, no a ella que todo lo estaba haciendo bien, imitando los ejemplos había aprendido lo necesario para no ser extraña entre estas personas...

Ana enrolló el colchón, no pudo evitar llorar al ver de nuevo sus alas envueltas en el papel periódico, no se apresuró al desenrollarlas, las acarició extendiéndolas y cuidando las puntas de las plumas, se la puso sin mirarse en el espejo y sin mirar atrás salió volando. Comprendió que en este lugar no las usaría, pero en su mundo sí. Aquí se vuela diferente...

Para Ana y mi Angel-a.

DEVORA DE FABRICIO
14.05.00
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