sábado, marzo 29, 2008

Fin de viaje. Oficina central de los sueños

FIN DE VIAJE

Teatro Oficina Central de los Sueños (Medellín)

Director: Javier Jurado
Asesoría literaria: Oscar González

www.teatrooficinacentraldesuenos.com

Temporada de estreno, marzo de 2008 en el marco del Festival de Teatro Alternativo (Bogotá).


La hipótesis me pareció arriesgada y hasta loca: ¿Qué pasa si los grandes poetas nacionales Mercedes Carranza, León de Greiff, José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob y Gonzalo Arango se encuentran en el limbo después de muertos?, ¿Qué harán esos espectros literarios, esos espíritus iluminados, esos cadáveres históricos reunidos en la inmensidad de la nada?.

El programa de mano advierte que no será un sartal de autobiografías sino “un extrañamiento ficcionado un poco a lo Dante, que muestra al poeta su destino, ¿a dónde van los poetas?”. A mí la intriga no me deja ¿Cómo será el encuentro de la élite de nuestra letras, mas allá de la muerte?, ¿Será un recital desesperado de sus mejores fragmentos?. Recordé a Cristóbal Peláez diciendo que en las adaptaciones de la literatura al teatro, la palabra se vuelve una ilustración, una redundancia pues en el teatro la palabra es acción y me angustié.

La Oficina Central de los Sueños está loca, pensé, Javier Jurado debe estar deschavetado, ya ni mide los riesgos, me decía mientras acomodaba mis nalgas en las escaleras del teatro La candelaria en pleno Festival de Teatro Alternativo. Los personajes estaban esperando al público, con un fondo blanco pero no inmaculado. Se tardaron unos segundos eternos en tres acciones como apagar un cigarrillo, hacer un jaque mate y cambiar de emisora radial. Yo empecé a sufrir, las nalgas me tallaban de alegría porque la sala estaba llena, pero sudaba frío como viendo una cirugía a corazón abierto. Esa voz pesimista, eterna compañera, desde adentro me susurraba “no lo van a lograr, mirá esa Mercedes tan flacuchenta, que pena con Ariadna si viera esa caricatura, al lado del tono ceremonial del De Greiff tísico y los ademanes refinados del chiquitín Silva”. El tiempo se me elongaba y empecé a entender que era justamente el no-tiempo del limbo donde se encontraban esas almas aburridas ¿Pero por qué estaban ahí?, ¿Acaso nuestros poetas no compraron todos los pasajes para su Temporada en el Infierno?, ¿si el suicidio es el boleto VIP para el infierno, qué hacían en ese paso intermedio por el limbo?, me preguntaba esa voz pesimista desde la tripa.

El tiempo no corría frente al telón blanco, el tedio los comía y al público también.

Entre el blanco apareció una novia hermosa de cola larga ¡Ofelia!. Gritó repentinamente un par de frases mudas, su desesperación no se correspondía con el tono, ni el tiempo, ni el espacio de los poetas ¿Qué hacía ahí regalándole unas hierbas?. Supuse que aparecería una sucesión de personajes imaginarios a bendecir a nuestros poetas, pero me equivoqué. Ya están muertos y lo único que necesitan es una excusa para ocupar su tiempo-muerto, su única excusa es conjurar el tedio del día a día justo allí donde no hay tiempo. ¿Qué hacemos? Se preguntan los poetas, gastando otros segundos: escribir poemas, manifiestos, literatura. ¡No que pereza! Ya todo lo hicieron, todo lo escribieron, hasta su obra inconclusa.

De repente, el montaje gira de la tragedia a la comedia, del castigo eterno a la burla de su propia condición. La gradería se hizo blanda mientras llegaba Porfirio Barba Jacob de blanco con su maleta llena de sorpresas ¡Hagamos teatro! Dijeron los espectros y ahí sí empezó la diversión en esta puesta. Crearon escenas hilarantes de teatro dentro del teatro, cada uno tomó un traje e inventó un personaje. Porfirio improvisaba la dirección de la obra donde Silva moría en los brazos Carranza disfrazada de calavera.

Los otros poetas con el resto del público disfrutamos la representación farsesca y melodramática con un tono cómico memorable: Los actores actuando de poetas actores, ¡Que bella poesía!.

La obra cogió cuerpo, ritmo, sabor y pensé entonces que lo estaban logrando, que el tedio de la primera parte era necesario para dar el quiebre a lo festivo, a la parodia, a la teatralidad bufa. Era necesaria una línea hacia abajo para tomar impulso y llegar al pico de esta alegría escénica, de esta emoción del teatro hecho con conciencia, constancia y cariño en el detalle, tan difícil de encontrar a veces en la escena colombiana.

Cuando el cuadro en la escena de la muerte llegaba a su esplendor con los tonos y las líneas de los personajes en la misma sintonía, cuando la atmósfera había tomado fuerza; ocurrió la magia: Los gigantes ojos de Sancho Panza invadieron la escena abriéndole paso al esquelético Quijote.

El cuadro del Quijote contra la farándula adquirió un tono surrealista: Nuestros poetas actuando para el flacuchento soñador y él creyéndoles demonios. Una extraña paradoja entre la tragedia del soñador quien ya no tiene su espada y los bufones actuando por su vida sin creérselo mucho ¿Qué es la lucidez, qué es la locura? Me pregunté y la escena se fue acabando sin darme tiempo para disfrutar los madrazos de Gonzalo Arango.

Tomaron un gran riesgo y lo asumieron con rigor. Jurado pasó de la caricatura a la representación verosímil de los personajes y nos regalaron un plon de poesía en escena. En realidad “Fin de viaje” no fue una biografía, ni un recital; fue un homenaje sentido al mas profundo sentido de nuestras letras nacionales. A la hora de escoger a los personajes quedan ausencias; no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

Bastante falta nos hace buscar en nuestro acerbo literario otras boyas, otros faros, otras voces. No somos realismo mágico, ni romanticismo, ni piedracielismo, ni cuadernícolismo, ni nadaísmo; sino todo lo contrario ismo.

La definición de un nuevo proyecto estético nacional se hará mirando hacia atrás, solo profundizando en nuestras raíces abriremos los ojos ante un panorama cultural que estamos en mora de construir como movimiento artístico nacional justamente en la preparación de los doscientos años de la mal llamada “independencia”. Y es ahí donde la puesta en escena de la Oficina Central de los Sueños adquiere una relevancia histórica, dando luces para construir nuevos sueños colectivos.

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