domingo, julio 06, 2008

Creps & Waffles

MARCA: CREPS & WAFFLES
Lugar: Avenida Sexta. Cali, valle. Mayo de 2008
http://www.crepesywaffles.com/

Un creps de ternera era insuperable.
Lo conocí
en el local cerca del Gimnasio Moderno en Bogotá y durante cierta temporada de la vida frecuenté Creps & Waffles.

Ir a Creps era como concentirse, dejarse atender por las ágiles señoritas del delantal impecable. Saborear la larga lista de postres, especialmente de chocolate, como en una competencia de coleccionistas: Ya probé este, me falta aquel, la próxima vez repetiré tal. La primera vez con un Pan Cook es indescriptible, poder comerse el empaque de la cena es mas que delicioso.

El ambiente de madera, el metal de las sillas, la iluminación íntima y cálida, pero especialmente la vajilla cuadrada donde la cena es servida como una pequeña escultura era una experiencia digna de ser repetida cada quincena.

En esos dulces años noventa, se hablaba de la calidad de Ceps, una amiga soñaba con llevar una franquicia a su ciudad de orígen, pero el mito decía que no vendían la franquicia porque los propietarios querían estar muy cerca del producto para garantizar su calidad.

Habían logrado un reconocimiento de marca simplemente como "Creps", un nombre mas corto, sonoro y pegajoso que formal "Creps & Waffles".

"Nos vemos en Creps de tal lugar..." y uno llegaba a la cita.

Para cenar en Salitre Plaza, en el Park Way o en el local de la 26, había fila; desde la ventana afanaba a los comensales, pero ya en la mesa me negaba a ver a los de la ventana.

Un día me cogió un ataque de dignidad: ¿Hacer fila como si fuera el único restaurante?... prefiero ir a uno con mas espacio... y así llegué a un pequeño local en La Macarena, del que les hablaré luego.

Un amigo elitista dijo que no volvía a Creps porque era muy "popular", que todo el mundo se metía allá, que él prefería un sitio mas exclusivo y simplemente no regresó. Yo me cambié a una ciudad donde no hay ni un local de Cresps, aunque haga falta.

Pero hace un par
de meses conocí el local de Cres & Waffles de la avenida sexta en Cali y obviamente, pedí creps de ternera... pero estaba salado, me parecía como una fórmula de esas que se repiten y pierden el gusto, (¿Deprincipio desea garbanzo, pepino o fríjol?) me parecía como una hamburguesa de Mcdonalds, un sabor tan estandarizado, como a plástico.

Pensé que habían bajado la calidad, me angustié, me sentí en el lugar equivocado, como que no era la misma empresa que tanto había visitado, donde había llevado tantos amigos y nuevos clientes; me incomodó hasta ese logotipo circular tan estático, tan inmóvil, tan bien puesto en los individuales de papel. Pero realmente el sabor era el mismo, el libreto de la atención, las sillas de mimbre, la vajilla cuadrada que tanto me gustaba, eran la mismos desde hace años...

Comprendí que la marca y el producto eran definitivamente los mismos, que el del cambio era yo, que los años me han cogido y he mutado mis gustos y consumos, que asocié ciertas marcas con ciertos momentos de mi vida y al asumir mi cambio generacional, por quello de la estabilidad laboral, el matrimonio, la treintaañéz o lo que sea; simplemente cambié de gustos.

La gran preguta empresarial que me queda es
¿Cómo debería ser el crecimiento y reinvensió
n de una empresa para ir al ritmo del crecimiento generacional de sus clientes?.
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