jueves, marzo 19, 2009

El extraño caso de Benjamín Button

Título: El extraño caso de Benjamín Button

Director: David Fincher

¿Cuándo la vi?: Villavicencio, febrero 13 de 2009


Seguramente reciclando alguna lectura previa y sin proponérmelo mucho, hace muchos años escribí:


“Nací anciano y me he ido eniñeciendo con el paso de los días”.


Hoy encuentro esa metáfora desarrollada en la película “El extraño caso de Benjamín Button”, dirigida por David Fincher: Un bebé nace como si tuviera ochenta años y se va eniñeciendo hasta morir.

Eric Roth demuestra su capacidad de narrar la historia nortemericana con el hilo conductor de un personaje conmovedor como lo hizo en el guión de Forrest Gump. De ahí la cercanía de los dos personajes: Una “enfermedad extraña”, una madre ejemplarizante, la guerra, el miedo a tener un hijo igual y un amor eterno que conoció desde niño; demuestran el desarrollo paralelo de las dos historias.

La metáfora del tiempo se plantea desde un presente cercano: La anciana Daisy está a punto de morir en una clínica de Nueva Orléans mientras se avecina el huracán Katrina, su hija empieza a leerle un diario y descubre la fascinante historia de Benjamín. Un relojero ciego pierde a su hijo en la guerra y por eso fabrica un reloj que gira en sentido contario para que el tiempo regrese a todos los jóvenes que mueren en la guerra.


Esa es la primera escena conmovedora, los soldados corriendo hacia atrás y las bombas implosionando, los reclutas que se despedían, ahora saludan de regreso…


La madre de Benjamín muere en el parto y el padre lo rechaza por parecer un monstro. Una mujer negra trabajadora en un acilo de ancianos lo adopta y lo cría. Benjamín (Brad Pitt) crece entre ancianos y al principio es uno de ellos. Aprende a caminar y percibe cómo va rejuveneciendo, conoce a una niña pelirroja y empieza una vida errante siempre con el referente amoroso de ella: Daisy (Cate Blanchet). Aunque se separan durante varios años, se reencuentran varias veces hasta que ella se hace una mujer madura y él un adolecente. Tienen una hija pero Benjamin sabe que sería muy doloroso que Daysy termine criándolos a los dos.


Daisy se convierte en una exitosa bailarina clásica “la primera norteamericana invitada a bailar en el Ballet Bolshoi”. Pero un accidente le destruye la pierna y se dedica a enseñar en un pequeño estudio.

La escena del accidente está construida con maestría, plantea la serie de pequeñas coincidencias de la vida cotidiana que se deben reunir para que le ocurra ese accidente, a esa persona, justo en ese momento.


Pasados los años; Benjamín regresa a reconocer a su hija y su nuevo padre. Se vuelve un niño que olvida su pasado, olvida caminar, olvida hablar y muere como un bebé en los brazos amorosos de Daisy.

El extraño caso de Benjamín Button tiene todo el estándar audiovisual de Hollywood: vestuarios de época, un casting de lujo, maquillaje sorprendente, ternura envasada y una dirección de actores meticulosa. Variables que aseguraron trece nominaciones en los premios Oscar pero solamente tres estatuillas: dirección artística, maquillaje y efectos visuales.


La película conmueve por su planteamiento de la vida y la vejéz:


Definitivamente le tememos a la vejez por el temor a la muerte, al fin y al cabo todos nos vamos eniñeciendo, como dice Daisy “todos terminamos en pañales”.


Al final, el reloj que giraba al revés es reemplazado por uno digital, termina abandonado en una bodega que es inundada lentamente como consecuencia del huracán y yo recuerdo ese texto que escribí hace años:

“Ese niño que juega a ser yo

Y cuando se descacha lo logra

Ese niño que juega a ser yo

Viste como yo, habla como yo

Y es yo cuando quiere

Pero nunca quiere.”


Lo peorcito de Benjamin Button:

La escena de la bailarina liberada, seduciendo a Benjamin para vivir una noche de desenfreno, pues remata con el texto “Me he acostado con hombres mayores que tú”, que en el contexto de la película parece un mal chiste.

La sorpresa de la hija al descubrir que su madre fue una gran bailarina porque es inverosímil poder ocultar durante años una verdad tan grande del estilo: “Fui la primera norteamericana en bailar con el Ballet Bolshoi”.

La escena final: “algunos van a la guerra, algunos manejan taxi, algunos trabajan, algunos simplemente bailan”: Parece un comercial de Bancolombia y le resta contundencia a la historia.


Lo regulimbis de Benjamín Button:

La fotografía y en general la ambientación de mediados de siglo, parece una caricatura al estilo King Kong que no le aporta al desarrollo de la historia.

La metáfora del tiempo hacia atrás a veces pierde fuerza, uno empieza a imaginarse la misma historia con un personaje que nace niño y muere anciano y no encuentra una película muy diferente.

La necesidad errante del personaje no queda suficientemente justificada, Benjamin viaja hasta la India buscando tal vez ¿su identidad? pero parece un simple joven aventurero. Brat Pitt se parece al alpinista aventurero de “Siete años en el Tíbet”.


Lo mejorcito de Benjamin Button:

La secuencia que explica el origen del reloj al revés.

El maquillaje que le ayuda a Brad Pitt a cambiar de edad de forma creíble.

La escena de las coincidencias para que ocurra el accidente.

El casting, especialmente Cate Blanchet, hermosa como joven y como mujer madura.


Fotos tomadas de: http://wwws.warnerbros.es/benjaminbutton/

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