domingo, septiembre 04, 2011

La botella medio llena: Saluda al diablo de mi parte


Título: Saluda al diablo de mi parte
Director: Juan Felipe Orozco

El argumento:

Ángel (Edgar Ramírez) es un reinsertado de la guerrilla que no ha conseguido trabajo y tiene una hija de diez años. Lether (Ricardo Vélez) es un millonario excéntrico que en un secuestro perdió a su padre y la movilidad de las piernas,  ahora está lleno de odio,  tecnología y dinero para financiar su venganza.


Lether secuestra a la hija de Ángel y lo obliga a matar a los guerrilleros que lo tuvieron secuestrado,  le inserta un chip con GPS y lo sigue paso a paso para verificar que en realidad asesine a los asesinos de su padre.

Al final Ángel muere desangrado y Lether es asesinado por su propia hermana (Carolina Gómez) quien se conmueve por la pequeña niña a quien deja en libertad.

La historia está enmarcada en una entrevista a Lether sobre la ley de perdón y olvido que sirve de pretexto para instalar la reflexión con tinte de moraleja macabra: si vas a cometer un crimen debes hacerlo lo más atroz posible.

Este planteamiento hace referencia a la ley de justicia y paz con la cual se “negoció”  la desmovilización de grupos armados para su reincorporación a la sociedad civil y pretende plantear un debate sobre los “privilegios”  que reciben los reinsertados que cometieron crímenes atroces y de esta manera,  la dificultad para conseguir el perdón y la reconciliación en este país.

Hasta ahí el argumento,  desarrollemos algunos elementos desde el pesimismo hasta el optimismo,   desde la botella medio vacía hasta la botella medio llena:

La botella medio vacía:

Existe un tipo de cine especialmente diseñado para ver en los buses intermunicipales,  son películas hechas en Hollywood como salchichas con la misma fórmula: hay un militar que fue la mejor arma de combate del ejército/FBI/CIA  que está retirado por una misión fallida/la muerte de un familiar/no tuvo tiempo para dedicarle a su familia.  Generalmente tiene una hermosa ex esposa con quien tuvo una tierna niña rubia por la que él daría su vida para recuperar el tiempo perdido. 

Pero un malvado terrorista/narcotraficante/ex militar  secuestra a la niña para cobrar una venganza/neutralizar al ex militar/controlar el mundo.  Entonces nuestro héroe caído en desgracia deberá asesinar uno a uno los círculos de seguridad del jefe hasta rescatar a su hija.

El héroe mostrará todos sus conocimiento militares para enfrentar a cuchillo/bala/bomba a todos los enemigos,  aunque también recibirá un par de golpes dolorosos por lo que andará siempre ensangrentado y adolorido.

Entonces el dilema moral gringo está planteado: mil muertes se justifican para defender la vida de uno solo de los míos,  es la lógica con la que Estados Unidos justificó las invasiones a Irak y a Afganistán.  Pero estas historias están representadas en un solo hombre que salva a su hija y con ella simbólicamente salva a la Nación.  Seguramente el mejor exponente de este tipo de películas es Rambo,  pero  hemos visto el mismo personaje salvando a su hija secuestrada por rusos,  afganos o mexicanos y al mismo valiente utilizando su capacidad militar para consumar la venganza.

Saluda al diablo de mi parte pertenece a este subgénero cinematográfico de ex militares rescatando a su hija secuestrada,  aunque la publicidad hable de “la primera película de acción hecha en Colombia”.  La película es una reproducción de un modelo con algunos visos colombianos,  pero ese no es el interés de los realizadores pues explícitamente la película pretende contar una historia “universal”  en el sentido de poderla contar en Los Ángeles,  Caracas o Jerusalén. 

Desde esa perspectiva es importante entender que los directores se propusieron hacer un producto de entretenimiento y no un trabajo sociológico sobre las implicaciones del conflicto armado en Colombia.

La botella medio llena:

Así llegamos a la botella medio llena: la película funciona,  está bien armada,  tiene un nivel técnico y unos elementos narrativos que mantienen la tensión y logran un clímax de emoción pocas veces vistos en el cine nacional.

Se perciben los detalles y la dedicación de la producción y la posproducción. Los efectos especiales son creíbles,  las persecuciones, los disparos y la sangre que corre en primer plano logran el ritmo frenético que requiere la historia,  incluso el vanguardismo tecnológico que le permite a Lether estar enterado de cada paso de Ángel,  logra que esta ficción sea verosímil y éste es el gran acierto de la película.

Posiblemente a algún espectador nacionalista no le gustará ver policías con uniforme azul o saber que un protagonista es venezolano (Edgar Ramírez) y otro peruano (Salvador del Soler),  a otro no le gustará la manera sensacionalista de hacer alusión a la política de desmovilización para justificar una simple historia de venganza,  incluso a otro no le gustará el bigote postizo de Moris; porque buscan en el cine una explicación histórica de los problemas del país o porque  están acostumbrados a lo que hasta ahora se ha dicho sobre cómo hacer películas sobre Colombia.

Con esta película los hermanos Orozco y su combo dejan de hacer películas sobre Colombia para empezar a hacer películas en Colombia y por colombianos para el mercado mundial.

Seguramente muchos espectadores encontrarán en Saluda al diablo de mi parte una película emocionante y entretenida, con un alto nivel técnico y narrativo,  a un equipo de producción con tesón y conocimiento del lenguaje cinematográfico,  a una película que inaugura un nuevo momento de la cinematografía nacional con las nuevas posibilidades del cine digital, donde los realizadores se puedan arriesgar a experimentar en los formatos del cine para contar una historia controvertida y llevar público a las salas.

PD: Creo que este debate queda iniciado  y será más nutrido cuando aparezcan otras películas hechas en Colombia, ojalá con un nivel técnico como el de Saluda al diablo de mi parte. 

 

Por acá el diario de rodaje ddes Saluda al diablo de mi parte.
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