martes, mayo 15, 2012

Cartas a mi padre 1. Yo no pedí nacer


Pá:

Quería empezar haciendo un recuento de nuestras conversaciones que pasado el tiempo me parecen menos de las que quisiera,  pero más profundas de lo que en realidad alcanzo a comprender.

Te escribo de nuevo en la distancia,  ahora nos separan más de setecientos kilómetros y más de treinta y tres años de mi nacimiento; todo un país y toda una historia y tal vez por eso creo que la mejor manera de resumir lo que quisiera decirte en cuerpo presente será por medio de estas cartas que son pequeños fragmentos de nuestras conversaciones o párrafos de ideas a las que vuelvo permanentemente.

No estoy seguro del rigor filosófico de estos párrafos,  pero sí estoy seguro de su honestidad.  Sin poses ni pretensiones,  te comparto esta selección de recuerdos,  anécdotas y pensamientos.

YO NO PEDÍ NACER

Pá:

Yo no sé en qué momento me matricularon en el “existencialismo”,  pero recuerdo que desde niño he tenido una relación conflictiva (de desdén y casi desprecio) con eso que los demás llaman Vida.

Recuerdo que yo era un niño amargado y una de las primeras conclusiones a las que llegué antes de los diez años fue la idea de que nadie pide ser concebido,  ni mucho menos “nacido”.  Hice conciencia de que la vida no es una decisión de uno mismo,  sino una decisión que otros toman por uno, pero inmediatamente asocié esa decisión ajena con un castigo.

Por esos días ya sentía que la vida era una carga demasiado pesada para una criatura tan frágil como un 
niño: rendir en el colegio,  no contestarle a los padres,  tender la cama,  lavar los platos de la cena y una cantidad de pequeños oficios que se van sumando con el paso de los años. 

Creo que de niño nunca tuve la valentía para decirte esto,  pero creo que me comportaba con mi mamá como intentando decírselo con mi actitud:
-         
 Mamá: yo no pedí nacer,  entonces la vida no es mi problema sino de quienes tomaron la decisión.  Entonces asúmanla: laven los platos,  la ropa,  tiendan la cama y vayan al colegio como me piden que yo lo haga.
Pasados tantos años sigo sintiendo algo semejante: la vida no es una decisión propia sino una decisión ajena.  Para algunos es un regalo,  para otros una equivocación de los padres y para otros es un don de dios.

Yo me siento afortunado porque tengo la sensación de que después de dos hermanas,  yo no fui precisamente una equivocación,  sino un deseo,  una ilusión de tener “el hombrecito en la familia”,  pero también sé que hay muchos niños que nacen por equivocación,  por hacer mal las cuentas,  por un exceso de alcohol e incluso por el abuso del poder de algún hombre.

A la larga, la concepción de una nueva criatura es un simple gesto orgánico de dos seres vivos,  que por una fuerza que yo no alcanzo a entender,  tienen la necesidad de preservarse y multiplicarse.  Desde los pequeños bichitos unicelulares hasta los grandes mamíferos,  la reproducción parece el destino ineludible del ser vivo. En la primaria me enseñaban que  la reproducción era parte de la definición del ser vivo: nacer,  crecer, REPRODUCIRSE y morir.

Pero como te digo,  entre los seres humanos la decisión de traer un nuevo ser vivo está determinada por muchas circunstancias: la falta de responsabilidad del adolescente que embaraza a la novia,  el machismo del tipo que le tiene una mamá a cada hijo,  el poder del abusador, la determinación cultural que ve en la cantidad de hijos un signo de la prosperidad de la familia y la circunstancia que más me conmueve: la idea de preservarse uno mismo mediante los hijos.

Esa idea de darle continuidad a la propia vida en otra criatura me parece cruel y egocéntrica,  ¿Qué culpa tiene alguien que no ha nacido del deseo de continuidad de la vida de otro?.  Esta pregunta te puede parecer absurda,  tanto como otras que me persiguen cuando pienso en la paternidad: ¿Quién o qué le otorga a una criatura el derecho a reproducirse?,  ¿Acaso es una mera necesidad fisiológica como el que orina o defeca?, ¿O simplemente la reproducción no tiene que ver con esa idea de la continuidad de la vida propia en los demás?.

Yo no sé si cada padre hace un listado de argumentos para tener sus hijos o simplemente hace caso al llamado de la naturaleza y así la reproducción es un gesto espontáneo de los organismos vivos que no requiere un discurso.

Como te das cuenta Papá,  ahora que estoy en plena etapa reproductiva la inquietud de ser padre se me ha vuelto una obsesión,  aunque las preguntas sobre el origen y la razón de la vida me acosan desde niño. 
Como te digo,  creo que ningún ser vivo pide nacer,  ¡Yo no pedí nacer!,  pero te quiero agradecer por haber tomado la mitad de esa decisión que me trajo al mundo pues me diste la oportunidad de conocerte.

Gracias papá.

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