martes, enero 15, 2008

El fracaso de las buenas intensiones

Foto: Casa Museo Antonio Nariño. 2004
REFLEXION SOBRE EL SUEÑO DE LA CASA DE LA CULTURA
Presentado por: Felipe Chávez G.
www.oscarfelipechavez.blogspot.com
www.carretaca.blogspot.com
Conversatorio sobre casas de la cultura.
Organizado por el Consejo Local de Cultura de Puente Aranda.

4C #53D-35 (antigua calle 5B #52A-35) el viernes 28 de diciembre a las 2:30 pm
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Palabras clave: Sistema local de cultura de Puente Aranda, empoderamiento, cultura popular, cultura comunitaria, capital social

Este texto se puede titular: EL FRACASO DE LAS BUENAS INTENSIONES pues parte del supuesto de que ninguna de las decisiones y las acciones que se han desarrollado en mas de una década del Sistema Local de Cultura SLC han sido realizadas de mala fe, partimos del supuesto “que nadie se ha querido equivocar”, que todos hemos tenido la buena intención de liderar acciones culturales pues a la larga y muy a pesar de nuestras distancias ideológicas, estéticas y metodológicas; compartimos la utopía de una localidad y una ciudad con mas y mejores escenarios para la cultura, como una forma de real de quitarle espacios a la violencia y a la injusticia social… si alguien no compartiera esta sencilla utopía; supongo que no estaría en este recinto echando globos sobre la importancia de la cultura en una localidad.
Foto: Concierto de Batuta. 4 Carnaval de Puiente Aranda. Casa Museo Antonio Nariño. 2004

Empiezo entonces afirmando que son muchas las cosas que nos unen: ese amor que todos profesamos por la localidad y su desarrollo, esa capacidad de trabajo gratuito para la comunidad por ejemplo. Pero también son muchas las cosas que nos separan: principalmente las metodologías que utilizamos, nuestros preceptos ideológicos y estéticos que son irrenunciables, pero especialmente nuestras metodologías, nuestros modus operandi. Generalmente partimos del supuesto de que el otro hace las cosas peor de lo que nosotros podríamos hacerlo y así empezamos desconociendo, negando al otro y sus acciones.

Lejos de una discusión sobre ética y ontología en la localidad (que es urgente) estas notas se quieren acercar a tres tópicos para alimentar este debate sobre la idea de la casa de la cultura en la localidad de Puente Aranda, teniendo presente esa tensión entre la utopía y la realidad, entre lo deseable y lo posible, entre la aparente certeza de los marcos jurídicos y la aparente confusión en la práctica comunitaria real de la que hablábamos en el Mapa Cultural de Puente Aranda (2005)
Empezaremos por un recorrido histórico sobre las condiciones y los prejuicios sobre el contratista, pasaremos a demostrar el fracaso de las buenas intenciones y terminaremos haciendo unas anotaciones sobre la idea de casa de cultura para la localidad:

CONDICIONES Y PREJUICIOS SOBRE EL CONTRATISTA
Foto: Tercer Salón de Artes Plásticas. Estímulos a la creación artística. 2005

A mediados de los noventa del siglo pasado, el país vivía una euforia de descentralización y democracia participativa, principios promulgados en la Constitución Política de 1991. Al tiempo, los sociólogos empujaban el concepto de EMPOWERMENT, EMPODERAMIENTO. Se decía que el Estado social de Derecho, el ideario de la nueva constitución, sólo era posible en cuanto las comunidades estaban “apropiadas”, “empoderadas” de sus propios procesos. Conceptos como planeación participativa, presupuestos incluyentes, participación comunitaria; hacían que la “democracia participativa”, le exigiera al ciudadano otra forma de actuar frente a la construcción de la vida pública. Es decir, en la democracia representativa, el ciudadano delegaba mediante el voto la responsabilidad de construcción pública; pero la democracia participativa exigía un compromiso más real y tangible del ciudadano en esos procesos.

Aterrizando la historia a Puente Aranda: ¡Nos empoderamos!, amparados en los decretos vigentes en 1994 conformamos el primer consejo local de cultura y elaboramos un primer plan de desarrollo cultural que fue incluido en el plan de desarrollo local hacia el año 2000. Al tiempo realizábamos nuestras prácticas culturales desde diferentes barrios, obviamente sin más financiación que nuestro propio esfuerzo. Así demostrábamos la supuesta necesidad de que este pequeño estado local invirtiera en cultura. El gran hito del momento fue incluirnos a la brava en el presupuesto local, “hacernos presupuestalmente visibles”.

Las primeras contrataciones culturales en esa época, en la primera administración Mockus, digámoslo claramente, simplemente se decidían a dedo desde la Alcaldía Local, sobra recordar que los contextos jurídicos eran bien diferentes a los actuales y no se podrían juzgar esas acciones con el contexto normativo de hoy en día. Entonces con el supuesto de que la ejecución debería ser liderada por los que sabían de eso de de cultura, es decir, los artistas que en ese tiempo ya se habían hacho ver, los contratos simplemente eran asignados.

Tuvimos conocimiento de que en otras localidades la injerencia de ediles incluía porcentaje por asignación de contrato. ¡Afortunadamente el contexto normativo cambió! Y se inventaron las Unidades Ejecutivas de Localidades. Específicamente sobre los contratos es importante recordar que en ese tiempo los términos de referencia eran muy amplios, por ejemplo una obligación podría decir: “Realizar el carnaval de la localidad”, entonces los proponentes realizaba un proyecto escrito diciendo por qué, para qué y cómo ejecutaría el dinero y a criterio de la UEL- IDCT ganaba la mejor propuesta y así ganaban el contrato.
Foto: Primera asamblea local de cultura. Salón comunal barrio Galán. 1999

Obviamente se generaban conflictos difíciles en las localidades pues el contratista se veía como el que decidía las acciones y metodologías, pues lo contrataban justamente por esa diferencia. En ese tiempo se lograron ejercicios de participación interesantísimos; por ejemplo procesos de ocho reuniones con líderes de quince bandas, para organizar un concierto de rock. En la actualidad simplemente se llama y se contrata a un grupo… esos procesos de construcción colectiva, de diálogo, de debate, se han ido perdiendo en aras del supuesto “perfeccionamiento de la producción de eventos” y del supuesto “eficientismo contractual” y básicamente por desgaste en los procesos de participación.

Esta situación también responde al “concepto de cultura elitista” que han manejado algunos consejeros, suponiendo que cultura es producir eventos masivos, o llevar a los artistas locales a los grandes teatros, a los grandes salones, a los grandes centros de lo que ellos creen que es cultura y por ende los hace “cultos”. Este concepto retrógrado de imitación de la cultura burguesa, para nosotros es una actitud pueril que desconoce lo que nosotros queremos reivindicar: la Cultura Popular y la Cultura Comunitaria, es decir, manifestaciones desde la comunidad, para la comunidad, en comunidad.

En el texto del catálogo del tercer salón de artes plásticas “Estímulos a la creación artística en Puente Aranda”, rememorábamos cómo en los noventa soñábamos con una localidad que ofreciera escenarios de cultura para los vecinos, soñábamos con convertir el parque y el salón comunal en escenarios para la cultura… en ese sentido, la idea de llevar las muestra a los supuestos “verdaderos templos de la cultura”, nos parece retrógrada y básicamente inauténtica. Fundamentalmente nosotros estamos convencidos que ir a un teatro con un abrigo de piel no nos hace “mas cultos”, en cambio que la programación permanente de acciones artísticas y culturales en nuestros parques, colegios y salones comunales de la localidad, sí produce un cambio en la autoconciencia de nuestras nosotros y las comunidades en las que vivimos.

En ese texto se planteó un debate sobre esas nociones de “cultura de élite” Vs. “Cultura Popular”, pero como muchos otros documentos que hemos producido; nunca propiciamos el debate que apoyen conceptualmente la ejecución de dinero que hoy representa el SLC.

Volviendo al cuento del empoderamiento, las organizaciones locales se arriesgaban a la contratación para demostrar precisamente ese empoderamiento, pues administrar el recurso era la manera de empoderarse, de demostrar poder de decisión y básicamente de liderazgo en las acciones.
Foto: Fiesta local de carnaval. Proyecto Migraciones. Parque Colón Dalias. Agosto de 2005.

Aquí se presentó la segunda fractura de ese amasijo de gente a la que le llamamos “base cultural local”. Unas pocas organizaciones accedieron a contratar y otras no, básicamente porque no entraron en esa dinámica organizativa que exige un contrato con el estado.
Entonces a los que no contrataban, por incapacidad organizativa o por simple falta de voluntad; les quedaba mas fácil satanizar a los contratistas. Esta fractura zanjó una gran distancia entre contratistas y beneficiarios del proyecto, esta diferencia al principio no era clara pues los contratistas éramos los mismos beneficiarios, pues durante años habíamos mantenido procesos de formación artística y política sin financiación, entonces administrar unos pesos era una manera democrática de ayudar a financiar esos procesos sociales.

Esta evidente confusión, se fue aclarando con los conceptos de privatización del estado, que delega en unas empresas la responsabilidad de hacer sus acciones y este es el gran centro del debate. La privatización estatal que deja un marco muy gaseoso pues al contratista se le trata como empresa privada en la contratación, pero se le exige como si fuese el estado. Muchos ciudadanos locales incluso creen que un contrato “compra” toda la acción y la conciencia de una organización, pero el contrato es obviamente un presupuestos que se ejecuta para alcanzar ciertos logros propuestos, no significa comprar toda una organización.

Por ejemplo, si una organización comunitaria se financiaba mediante un contrato, es decir contrataba como tallerista durante un mes al mismo tallerista que mantenía gratuitamente un grupo de jóvenes durante doce meses; eso se empezó a ver como sospechoso.

La envidia entre el que contrataba o no, se volvió una pelea personal entre los líderes de las organizaciones y este es el principal absurdo de todo este proceso: Los lineamientos de la política cultural local ha dependido mas de la psicología, valga decir francamente, de los antojos, caprichos y envidias de un minúsculo grupo de líderes culturales que de una respuesta juiciosa a las supuestas necesidades culturales de una comunidad.
Foto: Cuerso de capoerira. EFAPA. 2005 Parque barrio Pradera.

Esta afirmación ofensiva incluso sobre nuestro propio liderazgo, me recuerda a aquella señora que en los encuentros ciudadanos promulgaba que la localidad necesitaba una piscina comunitaria, que cómo así que la localidad no tenía una piscina, o al músico que afirmó que la localidad necesitaba una orquesta sinfónica o al teatrero que insiste en que la localidad necesita un festival de teatro. Digámoslo claramente: la localidad no necesita nada de eso, este ha sido el caballito de batalla de nuestras lides, pero como vemos; simplemente responde a los antojos de ese minúsculo grupo de líderes culturales locales, que por estar amparados en un decreto no se convierten en representativos, su legalidad no necesariamente los hace legítimos.

La legalidad de ser elegido consejero por su propio voto, no necesariamente lo hace representativo de la tan cacareada comunidad que se dice representar y no me refiero a los consejeros; si no a todos los líderes que hablan tanto de la comunidad a la que representan ¿No estábamos hablando justamente de democracia participativa?, ¿Entonces por qué reivindicamos tanto ser representantes de una comunidad o peor de un sector poblacional?.

Por ejemplo, mí me gusta el teatro, es básicamente mi religión, creo que cuando la gente hace teatro aprende a pensar y a ser auténtico y en ese sentido su concepto de ciudadanía y de ser humano se transforma. El punto es que por mas que yo ame y crea en el teatro como herramienta pedagógica eso no lo hace una “necesidad de la localidad”. Es simplemente un invento mío como líder, en primer lugar para buscar mi espacio en el mundo, para contagiarlos de mis gustos pues yo le apunto mas a eso que a la alienación de los medios de comunicación con su reggaetón y su farándula absurda.

Desde esta perspectiva, simplemente quiero aportar que el debate sobre casa de cultura debe ser visto mas desde la investigación en las necesidades de la comunidad y no en las buena intenciones de este minúsculo grupo de pensadores bienintencionados que nos representan ni al uno por ciento de la población local.

Nuestras buenas intenciones, nuestros desarrollos ideológicos, nuestros placeres estéticos, simplemente por ser bienintencionados, divertido, bonitos y de buena fe; no tienen la obligación de convertirse en política cultural local ni mucho menos de contar con inversión de nuestro estado.
Una cosa es que la comunidad “necesite” un puente para movilizarse mas rápido, agua potable para no enfermarse o educación de calidad para garantizar su productividad laboral; otra cosa es que a mí me parezca importante que el ciudadano monte en zancos, represente un personaje y se disfrace frente a un público… ahí si hay una distancia que ya es hora de desenmascarar. Insisto en mi pregunta: ¿Por qué las buenas intenciones de un minúsculo grupo de ciudadanos se debe convertir en política pública y además contar con financiación estatal?, ¿Entonces el día que a alguien le parezca que Puente Arada necesita un campo de polo, tendríamos que coger la cancha de fútbol de el barrio El Jazmin para desarrollar ese deporte?, ¿funciona de esa manera la construcción de lo público?... por favor ayúdenme al debate…

Foto: Taller de comparsa Carnaval local sectorial 4. Parque Pondesol. 2000

Continuemos con la historia: la ejecución de la famosísima ley 80/93 con sus decretos reglamentarios se fue haciendo mas dura cada año y las organizaciones fuimos adaptándonos a todos sus abusos, a que nos trataran no como organizaciones sociales de base, si no como meros proveedores de servicios y básicamente nos dieron el mismo trato que a ingenieros para hacer una carretera o a proveedores de llantas para los carros de la alcaldía.

Nos tocó mutar hacia industria creativa, hacia empresa productiva, el empresarialismo y no el desarrollo social se fue apoderando del sistema local de cultura. Yo mismo dicté la clase de gestión cultural en la Escuela Local de Formación Artística de Puente Aranda EFAPA durante sus dos primeros años, planteando la idea de hacer organizaciones que pudieran contratar el recurso local para que nuestra organización pudiera hacer gestión a nivel internacional, es decir para hacer un cambio generacional, que tristemente no se dio, no se ha dado y no sé si dará.

Después llegaron discursos mas agresivos y sinsentido, como la afirmación de que la cultura es un negocio como cualquier otro, del que se desprende la idea de que se puede vivir de eso… el microempresarialismo cultural que aún cree en que puede ser una empresa tan rentable como el Teatro Nacional.

Foto: Concierto de rock. Cuarto Carnaval de Puente Aranda. Parque colón dalias. 2004

En este tiempo estaban de moda las alianzas, las redes, los colectivos, que en teoría unen capitales para la productividad… y así nos fuimos adaptando a cualquier ocurrencia de los funcionarios para la contratación de recursos.

Si a la UEL se le ocurría que en caso de un empate, ganaban las organizaciones con mujeres cabezas de familia, o las entidades sin ánimo de lucro ¿qué sustento legal tenía esas decisiones?... de nuevo las buenas intenciones… pero así nos fueron metiendo cuanta ocurrencia les llegaba: que solo se tenían en cuenta los primeros tres certificados, que los proyectos no podían sobrepasar las diez páginas, que de un momento a otro el balance contable era mas importante que el contenido del proyecto, que las hojas de vida valían mas o menos en la puntuación final; es decir un intríngulis papelero que básicamente esconde la rifa de la adjudicación de contratos… pues las variables relevantes como la identificación de situaciones problemáticas, las agendas contractuales para que un proyecto alimente al otro en una verdadera visión sistémica de la cultura; pasaron a un segundo plano y después de una década no se ha podido cristalizado en la acción un verdadero sistema local de cultura. Entonces para solucionar el problema por la fácil, por el eficientismo estatal; pues simplemente decidieron adjudicarle el contrato al que muestre el balance mejor maquillado, pues según ellos ahí está la verdadera situación de las organizaciones, como si alguien hubiera podido incluir en su balance el capital social, el capital humano y cuantificar las utilidades sociales de su organización.

A nivel contable era peor pues planeación distrital decía una cosa, planeación local otra, la UEL otra y no sabían si las entidades sin ánimo de lucro deberían pagar retención en la fuente o RETEICA, ni siquiera si debían facturar con IVA, lo que tenemos en ese tiempo entonces era un despelote y no una verdadera Administración Distrital
Foto: Función teatral. Carnaval local sectorial 4. Escuela Sorrento. 2000

Entonces el contratista fue visto como un cajero automático para las exigencias de la comunidad organizada en el CLC, empezaron los debates entre las metodología del contratista y las del consejero, a quien no se podía contradecir porque tenía una dignidad incuestionable al haber sido elegido por voto popular, es decir en vez de modernizar el estado, nos devolvimos a la monarquía en microfeudos… “yo soy el consejero de tal, entonces con esta comunidad se hace lo que yo digo”… el gamonalismo colombiano pero en chiquito.

Recuerdo afirmaciones del estilo: “Es que esas opiniones no son válidas porque son las del contratista”… Imagínense, esa consejera me quitaba el sagrado derecho a la opinión porque según ella el contrato me inhabilitaba para opinar pues el contratista debería “concertar” la ejecución con el contratista. “Concertar” es un campo tan gaseoso que terminaba siendo los acuerdos entre gente que se cae bien o simplemente no se cae bien, es decir el recurso público entre los miniegos de los líderes… que mundito tan triste…

El proceso de descomposición continuó y esos dos extremos de la certeza contractual y la incertidumbre de la ejecución definían dos maneras de ejecutar: “a lo bien o a lo legal”. Ejecutar a lo bien es que el contrato dice 20 estudiantes y el tallerista puede recibir treinta y ejecutar a lo legal es que si dice 20, pues la clase se hace con 20, no con 21.

Como las certezas jurídicas de los contratos son tan simples; sale perdiendo la comunidad. “La solución” era ponerle arandelas específicas a los términos de referencia para que el contratista no tuviera que decidir nada y así los términos de referencia se convirtieron en una lista de nimiedades alejadas de las necesidades comunitarias, de los objetivos del proyecto y de unas metodologías que permitieran resolver problemas.

Los términos de referencia incluyeron marcas de sonido, códigos de micrófono, faldones para tarima, 250 gramos de queso en el refrigerio y minucias que no solucionan nada ni le apuntan al cumplimiento de objetivos sociales.
Foto: Taller de danza. EFAPA 2005. IED Andrés Bello.

La ultima percepción que encontré sobre el contratista, es tan absurda que me cuesta trabajo entenderla, es mas o menos así:
Las comunidades demostraron no ser capaces de empoderarse, no son capaces de administrar y ejecutar sus propios recursos, el contratista simplemente debe contratar a la base cultural local por medio de la ULDE y el contratista ahora es simplemente un administrador de empresas o ingeniero industrial que dizque nos garantiza buena administración de los recursos.

Si yo fuera un ingeniero y me piden que para construir un puente debo contratar arquitectos e ingenieros de la localidad ¿cómo puedo garantizar que el puente no se caiga?. En serio, si yo fuera ingeniero pues tendría una empresa con mis ingenieros de confianza, a quienes conozco y reconozco su sabiduría y sobre esa confianza me arriesgaría a contratar para hacer el puente. ¿Por qué en cultura debería ser diferente. Yo me arriesgo a liderar y contratar una Escuela de formación Artística es porque confío en mis profesores, porque conozco su conocimiento y se que me van a motivar y a formar a los estudiantes; es decir con ellos garantizo que el puente no se me cae.

Esta última percepción del contratista es perversa, niega todo el desarrollo social de la comunidad, del mismo sistema distrital de cultura que si no ha sido capaz de fortalecer una base social en quince años ¿Cuál es el capital social de la cultura en la ciudad?.
Foto: Comparsa Migraciones. carnaval de Bogotá. Carrera 7. 2006.
EL FRACASO DE LAS BUENAS INTENCIONES

Sobre este tema del fracaso de las buenas intenciones tendría material como para una enciclopedia de cada una de las localidades donde he desarrollado proyectos culturales y he encontrado a la señora de la esquina que baila (mal bailado) folclor colombiano, o al rapero convencido que todo lo demás es banal, o al roquero convencido que todo lo demás es plástico o al teatrero convencido que brincar en zancos es arte y todo lo demás es comercial.
Pero solo quiero referirme a un ejemplo concreto, al fracaso imaginario en el que se convirtió la EFAPA.

Como lo he contado muchas veces, la EFAPA nació en el comedor del maestro Edgar Rojas, como el sueño de tener un lugar para aprender arte pues veíamos muy distante la posibilidad de ingresar a la universidad. La primera EFAPA tenía la pretensión de ser una ASAB en miniatura, las seis disciplinas: música vocal, instrumental, danza, teatro, pintura y escultura eran una manera de copiar los tres énfasis de la ASAB en ese tiempo. Los principios fundamentales de ese tiempo eran:

Los artistas profesionales locales deben trabajar, enseñar en la EFAPA. Era una manera de generar oferta laboral para muchos artistas de la localidad, reconociendo su experiencia laboral o académica. El marco teórico era de Investigación Acción Participativa donde la acción pedagógica no es de transmisión de datos; si no que la formación en arte debe darse desde la investigación y la creación en una disciplina del arte, no en la idea tradicionalista donde el profesor tiene un conocimiento que transmite mágicamente al cerebro de unos ignorantes llamados alumnos, a luminis, sin luz. Por el contrario, desde una perspectiva eminentemente constructivista se partía de valorar los conocimientos previos del estudiante quien participando en un hecho estético se formaba con un ciudadano con sensibilidad sobre los lenguajes del arte y no como un artista.

Todos sabemos que hubo deserción, pero se cumplió contractualmente. Si por ejemplo el curso de escultura terminaba con diez estudiantes; el de música vocal terminaba con treinta para promediar veinte estudiantes por curso. La deserción fue una preocupación en esos dos años, hicimos encuestas entre estudiantes para determinar las causas de la deserción. Y las respuestas en su orden fueron:

a. Necesidad económica: los estudiantes no regresaban a clase pues tenían que trabajar, estudiar, cuidar niños o cosas por el estilo.
b. Falta de disciplina: muchos estudiantes creían que el arte era un problema de inspiración y de sensibilidad y no de trabajo y disciplina, entonces cuando tenía que ir dos veces por semana a trabajar en su proceso creativo, pues simplemente no volvían.
c. Desconocimiento: otros estudiantes creían que la escuela les daría clases de foamy, de croché, de óleo, de organeta; es decir una escuela de artes y oficios. Pero cuando se enfrentaban a los discursos teóricos y técnicos que sustentan los diferentes lenguajes del arte, pues simplemente se asustaban y no volvían.
d. Ubicación: Muchos estudiantes participaban en un curso por facilidad y cercanía del salón comunal donde se daban las clases; no necesariamente porque buscaran un lenguaje del arte; entonces cuando la clase era movida de salón por cualquier razón, pues simplemente los estudiantes no volvían.
e. Como quinta y última respuesta para la deserción aparece la falta de certificación de su formación; pero esta era la menos importante pues los estudiantes tenían la noción de participar en un curso y no en una universidad.
Foto: Lanzamiento del Mapa Cultural de Puente Aranda. Salòn comunal Ciudad Montes 3. 2005
Nunca un estudiante dijo que se retiraba porque era gratuito pero algunos genios decían que la gente no valoraba lo gratis y por eso los estudiantes no volvían.

Sobra decir que los estudiantes que se sí se mantenían y terminaban el proceso, tenían diferentes motivaciones, por ejemplo: cumplir con un compromiso ante la muestra, hacerse ver en público, aprender arte, prepararse para entrar a la universidad y muy pocos porque ya se consideraban digamos artistas que encontraban en la EFAPA un espacio para continuar su proceso de formación.

Hago este recuento para justificar mi afirmación sobre el fracaso de las buenas intenciones pues básicamente DIGNSOTICAMOS MAL ENTONCES FORMULAMOS MAL… Supongamos que somos médicos y ante un síntoma, por ejemplo una fiebre, diagnosticamos una infección, formulamos antibióticos, pero resulta que la supuesta fiebre era solo un cambio de temperatura de una embarazada, entonces damos como resultado ¡Un aborto!. Guardadas las proporciones y jugando a la mera analogía, así actuamos en la formulación de proyectos culturales.

Frente a la EFAPA alguien dijo que el problema era la certificación que si se expidiera un certificado formal, pues la gente valoraría el proyecto y asistiría, entonces era mejor que la Universidad tal la ejecutara y cuando lograron el acuerdo con la Universidad Distrital, no dejaron poner el logotipo de la Universidad “para que ella no se apropiara de un presupuesto de la localidad” ¡ENTONCES DIAGNOSTICAMOS MAL, FORMULAMOS MAL Y NO DEJAMOS TOMAR EL REMEDIO QUE NOSOTROS MISMOS FORMULAMOS O MALFORMULAMOS! ¡AFORTUNADAMENTE NO SOMOS MÉDICOS O SI NO POBRE LOCALIDAD, CUANTOS MUERTOS HABRÍAMOS CAUSADO!.

Entonces obviamente el remedio no sirvió, pues ni era la enfermedad, ni era el medicamento ni en las dosis adecuadas… entonces ahora queremos matar el paciente ¡Acabemos la EFAPA! Dicen los que no la sudaron, los que solo criticaron y también se equivocaron al criticar sin conocer. (Quieren vender el sofá).

Si hoy se hicieran las encuestas de las causales de deserción, ¿cuáles serían las respuestas? No lo sé, pues hasta donde tengo conocimiento, los profesores se han mantenido en un buen nivel. Pero los problemas fundamentales de la EFAPA continúan: el dueño de la llave del salón comunal no llega a tiempo, los salones comunales quieren cobrar por su uso para las clases, los materiales e instrumentos no existen o son insuficientes, los desembolsos no le garantizan pago mensual a los profesores, los salones no son adecuados para todas las disciplinas y lo mas grave y paradójico: los cupos ofrecidos superan la cobertura lograda. Pero si después de cuatro años la EFAPA debe empezar a hacerse publicidad como si nunca hubiera existido ¿De cual Escuela estamos hablando? Cuál arraigo o por lo menos re-conocimiento de los habitantes locales ha logrado el Sistema Local de Cultura, con diez años de inversión donde seguramente se han ejecutado mas de tres mil millones de pesos, si cada contrato debe hacerse publicidad como si fuera la primera vez que se realiza, ¿Cuál es el empoderamiento que ha logrado el SLC mas allá de sus diez líderes que cada día se envejecen más?.

Yo veo en lo que convirtieron la EFAPA y no se si reír o llorar. La idea esa de que la universidad sí sabe, que el conocimiento está allá encerrado y hay que traer un nombre que sí nos va a enseñar, me cuestiona tanto sobre el empoderamiento de nuestra comunidad. La idea de que el arte es un conjunto de técnicas que un profesor transmite a los ignorantes, me parece tan pobre. ¿Entonces para qué van nuestros jóvenes a la universidad a formarse como profesionales si no pueden volver a la localidad a compartir lo que aprendieron y a generar nuevos conocimientos?… hablamos tanto de descentralización, de autonomía de la comunidad, de empoderamiento y no confiamos en nuestros propios profesionales, hacemos una ULDE para tener una base de datos pero queremos que papá estado siga haciendo la tarea, que mamá universidad nos venga a enseñar, hablamos de descentralización y autonomía pero en la ejecución volvemos a centralizar el dinero haciendo convenios con entidades del orden distrital… somos tan incongruentes…

Foto: Comparsa carnaval. Cumpleaños de Puente Aranda. 2001.
Eso solo demuestra la falta de capacidad en la organización y ejecución de nuestro propio recurso. Esto solo demuestra el bajo capital social que hemos construido en estos diez años donde se le invirtió mas energía a las discusiones irrelevantes sobre la arandela de los contratos y no al tejido social real que fuera capaz de ejecutar y evidenciar la inversión local, que de manera autónoma se organice y genere sus propios ingresos. No le invertimos la energía a la construcción de un tejido social con altos niveles de densidad y articulación, desde la participación ciudadana y el fortalecimiento organizativo.

Después a alguien se le ocurrió que la EFAPA necesitaba un taller de video, aún sin tener en cuenta el valor de de los equipos, o el taller de literatura, solo falta que le metan un taller de tradiciones afro, porque a un consejero se le ocurre… y así la soñadísima EFAPA se fue convirtiendo en una colcha de retazos de buenas intenciones que cinco años después no ha logrado generar un sentido de pertenencia en mas de veinte personas.

Pero la EFAPA es solo un ejemplo de eso que he llamado “el fracaso de las buenas intenciones”, pues de alguna manera lo mismo ha pasado con todo el SLC, algunos grupos dicen abiertamente que tienen sus obras artísticas que deben ser contratadas en los diferentes proyectos, entonces para qué van al CLC, para qué van a los encuentros ciudadanos si ese trabajo lo hacen otro regalados que después simplemente tendrán que contratarlos… Si estas son las dinámicas de la participación, pues que jartera, yo me mamé y me retiré y ahora vivo mas tranquilo con la producción artística de mi grupo y nuestras acciones sociales locales y nacionales… pero esa es una historia larga de contar.
CONCLUSIONES

Quería hacer una serie de observaciones sobre el proyecto casa de cultura, pero el tiempo no me alcanzó, solo puedo concluir que:

Foto: Comparsa Migraciones. carnaval de Bogotá. Carrera 7. 2006.

Nadie duda que queremos luego necesitamos una casa de la cultura en la localidad, el problema es cuánto cuesta, cómo se financia su construcción, su dotación y básicamente su sostenimiento. En cuál marco legal puede operar la Alcaldía Local. El debate de fondo es que la figura que ejecute y administre esos recursos será una entidad privada, ojalá representativa de diferentes sectores, pero será privada pues jurídicamente la Alcaldía no podrá crear entes jurídicos autónomos y no sabemos hasta qué nivel pueda hacer convenios ni sabemos si los convenios serán la solución. En síntesis, si no tenemos una base social organizada “empoderada”, que garantice la sostenibilidad del proyecto Casa de Las Culturas (en plural) de Puente Aranda.

Para cerrar otra analogía: para que un matrimonio se fortalezca es importante una casa, no lo dudamos. Pero nosotros no tenemos el amor de esa comunidad, no la hemos conquistado como lo demuestran los humildes indicadores de participación en los proyectos del SLC; entonces creemos que teniendo la casita, sí nos van a querer, si vamos a levantar novia y matrimonio. El orden mas lógico que nos garantice la subsistencia de ese hogar; sería tener la novia primero y después levantar la casa; aquí queremos tener la casa a ver si conseguimos novia… obviamente eso lo facilitará, pero no nos garantiza su subsistencia.

El capital social no se decreta, compañeros. Es el resultado de años de construcción de redes sociales, donde la confianza, el conocimiento y la empatía en la acción por identificación ideológica producen cambios sociales. En esta reunión no se decretará el capital social y cultural de Puente Aranda, no nos engañemos. Esta reunión no es mas que la repetición de saliva de quince años de historia, aquí simplemente vamos validar en colectivo nuestro antojo de una casa de la cultura.

Entonces como lo hemos hecho siempre, busquemos los argumentos para convencer al estado de que esto importante, cuantifiquémoslo, escribamos el proyecto, veamos caer al incauto que lo contrate y cada año pidamos cambio de contratista, para que alguien tenga la culpa de que esto no funcione, porque la gente no va a venir, porque el consto de mantenimiento del espacio físico va a ser superior a la inversión en la gente y entonces tendremos otro elefante blanco que amamantar mensualmente.
Foto: Estímulos a la creación artística 2005. Parque barrio Nueva Primavera.
Mientras no tengamos una base social mas amplia y empoderada del recurso público, artistas y gestores que den parte de su trabajo gratis para mantener los procesos culturales comunitarios, simplemente vamos a tener un arrume de ladrillos vacíos, exigiendo mes a mes que se paguen los servicios y la valorización y rogando para que la gente venga a hacerse mejor persona mediante el arte.

Y un largo etcétera que no alcancé a escribir, gracias por escuchar.
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