sábado, marzo 29, 2008

Despedida a mi abuela Blanca

Algunas historias en la despedida de mi abuela

Hoy quiero contarles algunas historias:

HISTORIA 1. LA LLAMADA SILENCIOSA

Esta mañana, mi primo Julián Chávez me llamó a darme una mala noticia. Pero no tuvo que explicarme nada, todos habíamos esperado una llamada silenciosa durante estos años que se fueron alargando con la espera.

HISTORIA 2. EL DOCUMENTAL

En las últimas conversaciones con mi papá, le hablé de la necesidad de rodar un documental en video sobre la cultura funeraria de la familia. Se trata de buscar el rastro del abuelo José Manuel. La familia no tiene, digamos una cultura funeraria, que la reúna cada cierta fecha junto a un mausoleo, las familias con cultura funeraria dedican por ejemplo ciertos domingos a la visita y limpieza de una tumba; pero nosotros no tenemos ese tipo de arraigos con la tierra.

El documental nos llevaría con tíos y primos a la Montaña donde nacieron. A las casas que habitaron en El Tambo, a la casa de la quinta, a los Naranjos y a Prados del Norte, como recogiendo los pasos de una historia colectiva que no se ha escrito.

El documental se trataba de llevar a la abuela a recordar mejores épocas, pero como no lo grabamos rápido, ahora la abuela no está y la tarea nos quedó pendiente: regresar a los orígenes, por allá en esas montañas donde se oculta el sol de Popayán a buscar los ombligos de los que venimos.

HISTORIA 3. EL MITO DEL ABUELO JOSE MANUEL

El abuelo José Manuel es el mito de la familia Chávez Gómez (y sus derivados). El abuelo murió cuando los dos hermanos mayores apenas se acercaban a la adolescencia y las hermanas menores eran apenas unas bebés. La abuela Blanca asumió la cabeza de la familia con el reto de sacarla adelante.

Cada hermano debe guardar un cofrecito de recuerdos del abuelo y los han contado en escasas oportunidades. Así el abuelo se convirtió en el mito que habita en la imaginación de cada uno. Los tíos y los primos fueron narrando una historia que ahora parece de verdad, en ese relato incuestionable el abuelo es un ser insuperable, un prohombre, un ser ideal. En las historias sobre el abuelo hay un trasfondo de modelo moral que todos deberíamos seguir, el abuelo es como un ser inmaculado, todos podemos equivocamos, fracasar, cansarnos y oler mal, pero el abuelo no, el abuelo es eso El Abuelo con mayúscula, una presencia eterna que nos vigila y nos acompaña desde quien sabe dónde.

El “José Manuel” que conocemos es la construcción de nuestras imaginaciones y así pasará a la siguiente generación. Por ejemplo, ninguno de los primos lo conoció, pero todos podríamos decir cómo era, qué hacía y qué no era. Todos sabemos y decimos que era un gran hombre: justo, ecuánime, caballero. Un campesino en el mejor sentido de la palabra.

José Manuel, el mito: aquí estamos reunidos, todavía añorándote, pero menos mal que no viviste el pedazo de siglo que nos tocó a nosotros, desde la muerte de Gaitán para acá este país se vino a pique, menos mal que no viviste el horror de país que otros nos heredaron.

HISTORIA 4. LAS MANOS DEL ABUELO

Mi papá Oscar Hernán pudo compartir algunos años con el abuelo, en las correrías de las cacerías donde cruzaron la frontera de la montaña, para ver que el mundo no se acababa en el río Cauca; aprendiendo a tacar una escopeta de cacería, el abuelo le enseñó a mi padre algunos secretos de la oscuridad y la noche del monte.

Sé que recuerda las manos de su padre como yo recuerdo las manos de mi padre tallando un pedazo de madera. Sé que mi padre ahora entiende los silencios del abuelo, como lentamente yo he empezado a comprender lo que dice mi padre en sus silencios, en sus ausencias. Mi padre talla maderas como recordando los movimientos del abuelo con un machete al cinto, abriéndose paso entre la espesura de la selva.

HISTORIA 5. EL MOLDE

La abuela Blanca decía que “dios hizo a los Chávez y rompió el molde”, pero su orgullo de madre no pudo pasar a la siguiente generación, los nietos difícilmente entramos en su familia imaginaria, ese gen se saltó algunas cunas. Los Chávez son un clan con mucho requisito, parecerse a ese molde de los tíos juiciosos, inteligentes, responsables y trabajadores ha sido una carga muy difícil de llevar para la generación de los primos y fundamentalmente para mí.

Peor cando el molde estaba enrazado con los Gómez… Chávez - Gómez, mas o menos el non plus ultra de la pradera city. Una combinación excelsa donde si tenías buenas notas pues sí eras de los Chávez, pero se te rajabas, pues estabas por fuera de la familia.

Los que llegamos a los 30 ya ni nos parecemos al molde, ni lo intentemos. Esa era una de las grandes frustraciones de la abuela, pero a ella le quedaba mas fácil echarle la culpa a las nueras o la las yernos, pues las nueras no-eran; aunque con el paso de los años, las nueras se fueron volviendo unas hijas fervorosas y cariñosas con la gran matrona.

Definitivamente dios los hizo y quebró el molde pero en pedacitos bien chiquitos y los regó por medio planeta. Ni yo que soy arqueólogo he podido encontrar algún resto para untármelo a ver si me acerco un poco a la tolerancia por ejemplo de mi papá Oscar Hernán, a la laboriosidad de Chepe y Socorro, a la inteligencia de Lucía y de Jairo, a la entrega maternal de Zoraida, Yolanda y Beiba, o a la chispa de Marco Tulio.

No joda, sí que me toca esforzarme contra esta pereza y esta ignorancia que me ha perseguido toda la vida y bien difícil me ha quedado tener un rasgo de eso que a mis tíos parece salirles naturalmente. Pero claro, ellos fueron hechos con el molde del abuelo José Manuel, el mito, el hijo natural de la profesora, el que aprendió a leer mirando por la ventana, el jinete virtuoso, el de las manos gigantes para el azadón, el que hasta tenía una voz hermosa que arrullaba a los tíos cuando eran bebés. El José Manuel que murió joven como una estrella de rock y está enterrado en un lugar que yo no conozco.

Pero primos y primos-segundos, no lo busquen, ese molde es genético y fue solo para generación anterior, nosotros ya estamos perdidos, solo nos queda rezar para que el gen se salte una generación y nuestros hijos puedan ser portadores.

Algún ingeniero genético nos podría ayudar, pero estos primos míos se dedicaron a la ingeniería pero de circuitos, de finanzas, a la ingeniería de la educación, a la ingeniería del comercio y muchos como yo, nos dedicamos a la ingeniería de la locha. Ojalá Julián o Lina que andan por la medicina, nos puedan ayudar, pero seguramente será Marquitos el que de una muela pueda descifrar este acertijo genético que nos cobija.

HISTORIA 6. LA VIUDA JOVEN

Como el abuelo murió tan temprano, la abuela Blanca quedó en una depresión de varios días ¿Cómo haría ella tan joven para sacar a semejante prole hacia delante?. Quedó sin fuerza, sin ánimo en el alma. Alguien le dijo que ahí estaba esa camada de hermanitos esperando un futuro, que no podía quedarse quieta, que el futuro empezaba ya, que bien podría empezar lavando un montoncito de ropa que estaba en el patio y así empezó el movimiento que secó sus lágrimas.

Hubo una especie de pacto secreto: “De papá José Manuel no se vuelve a hablar”. En ese momento era necesario olvidarse del pasado pues adelante es para allá.

El abuelo quedó suspendido en el tiempo creciendo en la imaginación de sus hijos, de sus nietos, sus bisnietos y seguramente acompañando las últimas noches de la Abuela. El abuelo heredó su nombre a algunos hijos, nietos y biznietos, como una manera de permanecer en el tiempo, como un homenaje póstumo. Esos padres escogieron el “José” y el “Manuel” como un rito a los ancestros. El abuelo siguió vivo en esos nombres, en esos rasgos que todos portamos orgullosos en la cara, en el perfil, el ademán, el gesto Chávez, incluso en la tara Chávez.

La viuda joven se dedicó a enseñar y así pudo garantizar la pensión para su última morada. ¿Cuántas generaciones de payaneses ilustres habrán pasado por la tiza de la abuela Blanca?, ¿La recordarán?, ¿o como a todo profesor, la habrán odiado antes del examen y la habrán olvidado después del año escolar?. Me parece verla en la terraza de la casa dándole clase bajo el sol a un puñado de primos en un tablero verde en la pared de la cocina.

Años después supe que un tío valiente hizo una tumba digna para el abuelo y estamos todos en mora de visitarla y de agradecer ese gesto que nos puede ayudar a comprender de dónde venimos para imaginarnos hacia dónde podemos ir.

La viuda joven se fue envejeciendo, cuando yo nací la abuela ya estaba antigua y la vi enniñeserse como cerrando un ciclo vital.

HISTORIA 7. LA TIA BEIBA

Mención aparte merece la historia de Ana Beiba, la hija que fue capaz de perdonar los desplantes y regaños injustos y dedicó tantos años a preservar la vida de la abuela. Con la ayuda de Lucía y de sus hijos, Ana Beiba se merece un agradecimiento de corazón y mucho mas que el abrazo de hoy.

Ana Baiba nunca dejó de ser la hermana mayor, ella dio lo que ninguno de nosotros quiso dar: media vida.

Si disfrutamos de la abuela en estos años fue por ese esfuerzo desinteresado de Beiba y por su sacrificio sin medida; estas cosas se deben decir en público con la frente en alto.

Baiba: simplemente muchas gracias, es un orgullo tener una tía con esa capacidad de entrega con ese amor de madre, su preocupación fue la de todos, solo que usted supo llevarla a la acción, poniendo por delante, la vida de la abuela. Muchas gracias desde esta distancia.

HISTORIA 8. LA HISTORIA DE LOS ABUELOS

En mi infancia la casa olía a cebolla frita para el arroz, olía al árbol de guayaba del patio, olía a manjarblanco, olía a mis miedos en la noche, olía a reconstrucción después del terremoto, olía a mi patineta con cuatro primos montados rodando por la bajadita muy a pesar de mis rodillas.

Pero años después, ya con la abuela en la silla de ruedas, la casa ajena fue tomando un olor a estación de tren, como a maletas enmohecidas, como al olor de aquel que espera una ruta que no llega.

Ver a la abuela mambeando un pedazo de pan tras la ventana era ver a Penélope esperando a Odiseo, era verla tejer de día y destejer de noche haciéndole quite al tiempo. Era ver a la eterna enamorada esperando a su prometido.

Hoy les quiero contar la historia que seguramente ustedes no conocen:

Antes de partir a la correría por los llanos donde adquirió el paludismo que días después lo mató; el abuelo José Manuel le prometió a la abuela Blanca que estarían juntos por siempre. Blanca sabía en el fondo, que el abuelo nunca volvería, pero lo esperó pacientemente como cuatro décadas, día a día, año a año.

Blanca se sentaba en la silla de ruedas y pedía que la sacaran a la calle pues creía que cualquier día de estos, el abuelo llegaría con sus maletas a quedarse en la casa. Por eso cada vez que llegaba visita a Popayán, la abuela insistía para que se quedaran a dormir en la casa, era la manera de cumplir su sueño de ver llegar al abuelo. Cuando la abuela tomaba el sol en el patio, realmente estaba hablando con el abuelo imaginario y su ceguera de los últimos años no era la sejuela que anidaba en su córnea, realmente la abuela miraba hacia adentro para encontrarse con los restos de memoria del abuelo.

El día de la primera trombosis la abuela se encontró con el abuelo, se tomaron de la mano y se abrazaron, por eso no se quiso resistir a la segunda trombosis donde estuvo mas tiempo con él. Esa visita tan larga a la eternidad, le costó la movilidad y la condenó a una silla de ruedas y a la dependencia. La abuela pagó ese encuentro en su convalecencia de los últimos quince años.

Después empezó a sentir que el reencuentro con el abuelo estaba cada vez mas cerca, pero ella seguía creyendo que el abuelo llegaría hasta la casa.

Una vez me la encontré en un sueño y me dijo que deberíamos llevarla a la Montaña o al menos a El Tambo, que de pronto el abuelo llegaría allá, pues él no conocía la casa de Prados del Norte y por eso se estaba demorando tanto en llegar. Por esa razón la abuela fue perdiendo la memora corta, no recordaba si se había bañado o había almorzado ese día, en cambio podía recordar los detalles pequeños del parto de alguno de sus hijos o la infancia de tal nieto. Ella se refundía en sus recuerdos mas antiguos buscando los rastros del abuelo, por eso no recordaba las cosas cotidianas pero sí recordaba las cosas del pasado remoto, el pasado con el abuelo.

La abuela esperaba pacientemente el reencuentro con el abuelo, en el patio se imaginaba que llegaría escondido detrás de una breva, de una pera-manzana o de una flor. Se arreglaba todos los días (muy coqueta ella), para esperar al abuelo; que día tras día, tampoco llegaba.

Cuando se la llevaban a la casa de Soraida, ella sentía que era muy probable el reencuentro, pero el abuelo nada que llegaba para estar con ella para siempre. Esas palabras del abuelo se le había incrustado en el corazón y era lo que la mantenía viva, no la droga ni los paseos en carro, era esa promesa la que le daba su débil aliento.

Después de tantos años de espera, de descalcificación, de la delgadéz extrema, de inmovilidad y de esa piel como papelillo, después de la espera colectiva ante lo inevitable; dejó de esperar. La abuela murió justo cuando entendió que el abuelo no vendría a la casa, que era ella quien debía viajar a su encuentro, por eso decidió partir a encontrarse con José Manuel.

Ahora están juntos después de tantos años, de tantos partos, de tantos nietos y biznietos. Ahora están juntos después de tanta historia y eso es lo importante, esta historia no podría tener otro final: Por fin la abuela pudo descansar en paz. La promesa del abuelo se cumplió: por fin están juntos por siempre en la eternidad.

Paz en su tumba.

(Como escribí hace unos días en la despedida de mis abuelos maternos Carmen y Luis Enrique que paradójicamente también murieron en este Marzo de las despedidas: en un país en guerra es un privilegio morir de viejos, de muerte natural. ¡Regocijaos familia!, que la guerra no ha tocado a nuestra puerta.

“solo le pido a Dios

que la guerra no me sea indiferente

que la reseca muerte no me encuentre

vacío y solo sin haber hecho lo suficiente…”

(León Gieco)

Villavicencio, Meta. Marzo 27 de 2008

Por: www.oscarfelipechavez.blogspot.com

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