jueves, septiembre 09, 2010

Diatriba 1: Contra el cambio de celular

Soy un dinosaurio y quiero seguir siéndolo: no tengo Iphone, ni Black Berry, ni siquiera un Mp3. No tengo cuenta en Facebook ni en Twitter ¡Y no los quiero tener!. Cargo un celular blanquito de pantalla verde, en la parte de atrás tiene una acetato que permite cambiarle cartulinas con diferentes diseños, sobra decir que no sé el modelo ni la marca de mi celular. Me asusta la gente que discute sobre las ventajas de determinado modelo y defiende las prestaciones de su marca y operador de telefonía celular, como el que defiende a su equipo de fútbol. Yo no tengo esos vínculos pasionales con las multinacionales, me da igual la señal de uno o el entretenimiento del otro, yo simplemente recibo llamadas y hago las estrictamente necesarias, aunque me digan ingrato, no he querido cambiar la visita real por la visita celular.

Un par de veces me he visto jugando culebrita mientras el del lado chatea en su Black Berry, toma muy malas fotos con su dispositivo móvil o publica interesantísimas entradas en su microblog: “Ya me subí al bus”, “el chofer tiene bigote y va a 75 km/h”, “dimos una vuelta hacia la izquierda”, “Me dio hambre”.

Lo increíble no es que alguien escriba tan rápido en su tecladito, lo verdaderamente increíble es que alguien en algún lugar del mundo tenga tiempo para leer los minicapítulos de la aventura cotidiana ¡Y se tome el tiempo de responder!: “¿es bolivariano?”, “no te pases del límite de los 80”, “mejor agarre pa la derecha, vea el país con uribe”, “coma mute”(sic). En unas extrañas “conversaciones” de doble sentido donde uno no sabe si están hablando de sexo o de política, se inventaron un nuevo tipo de Haiku contemporáneo o simplemente están contando lo que van viviendo con su limitado lenguaje.
Cuando saco mi teléfono para ver la hora o leer los diez mensajes publicitarios que abusivamente me envía el operador celular, mis alumnos se ríen y me dicen: “cambie la perola”, “que boleta”, “dame tu pin”, yo me río y les digo que mientras el celular me sirva para hacer y recibir llamadas, no pienso cambiarlo, que si necesito hacer algo en internet, vivo conectado con el portátil todo el día, si necesito fotos, ahí está la cámara fotográfica y si necesito video, ahí está la cámara de video, en suma que tengo suficiente tecnología para suplir mis necesidades de información, conexión y expresión. Ellos me dicen que todo eso lo podría hacer desde el BB pero sé que un aparatico de esos no me alcanza para el volumen de información textual, gráfica y audiovisual que manejo diariamente.
Soy de la última generación de bachilleres que aprendió mecanografía, he podido estudiar y trabajar porque puedo manejar un teclado con los diez dedos, no me quiero cambiar de mi mundo decadactilar a su mundo bidactilar donde escriben con los pulgares en el BB o con los índices en el computador. Así me siento cómodo y eficiente.
Además: ¿Para qué voy a pagar una servicio de internet portátil si en mi trabajo tengo banda ancha gratis todo el día y en mi casa tengo un plan de TV con banda ancha?. Al contrario, el fin de semana apago el router para desconectarme, leer en papel, arreglar la casa, echarme un motoso y disfrutar el atardecer, incluso sin hacerle fotos ni publicaciones en mi blog a cada uno de esos momentos.
Espere el próximo artículo: Diatriba 2: Contra la fotografía en internet
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