miércoles, septiembre 22, 2010

Diatriba 2: Contra la fotografía en internet

Soy un mal fotógrafo, tomo fotos por diversión, por trabajo, por experimentar y en serio, me gustaría estudiar más el lenguaje fotográfico. Puedo salir a la calle sin celular, pero no puedo hacerlo sin mi camarita fotográfica Canon de 10 megapixeles que siempre va agarrada a mi correa para evitarme la pereza de cargar el maletín de la Nikon D 5000 de mi trabajo. 

Tengo dos agüeros: cepillarme los dientes antes de salir a la calle y llevar mi camarita fotográfica, creo que el día que deje la cámara sucederá a mi lado alguna catástrofe digna de ser fotografiada y me arrepentiré toda la vida de no haber hecho esa foto. Entonces cargo la cámara para que no me suceda ninguna tragedia en una extraña tautología para tomar y no tomar la foto que me haga rico y famoso.


Antes tomaba ráfagas de fotografía en un intento desesperado hacer mi propio Gran Hermano cotidiano en tiempo real. Ahora tomo menos fotos, pero intento que sean más expresivas, me ha agarrado la idea de que un paseo al río se debería resumir en una solo foto decente y no en un interminable stop motion de fotos en el carro, abriendo el baúl del carro, sacando las ollas, con una tronco para hacer el fogón, haciendo el guacamole, sirviendo papas en hoja de plátano, la infaltable toma de tipos en pantaloneta abrazados mirando a la cámara en la que alguno debe hacerle cachos a su mejor amigo, justo cuando una muchacha se corta el pié con un vidrio y en vez de ayudar, alguien grita ¡Traigan la cámara! para dejar registradas las lágrimas, la herida, la sangre y la sonrisita de dolor de la accidentada para que se escuche el remate ¡Esta va para el Facebook!.

¿No debería ser capaz de capturar los colores del atardecer en el río y la silueta de un amigo en primer plano con una cerveza en la mano divisando el paisaje con cierto gesto de placidez?, ¿No debería ser capaz de contar toda esa anécdota en una sola imagen?, ¿No debería ser capaz de sacarle el jugo a la locación natural con mi camarita de bolsillo sin necesitar la réflex para creer que la foto tiene algún valor?, ¡¿No debería simplemente hacer una fotografía y no esa pretensión reality de los archivos fotográficos de mis conocidos?!

Gracias a la proliferación tecnológica la cámara fotográfica se popularizó, pero el lenguaje fotográfico no. En internet la gente toma fotos pero no hace fotografía de la misma manera que escribe pero no hace literatura.

En la sociedad del espectáculo la imagen ha empezado a suplantar la realidad y los usuarios de estas tecnologías arman sus propias realidades fotográficas virtuales. Copian la ropa, los ángulos y poses de la fotografía publicitaria y la han simplificado hasta caricaturizarla. Basta darse un paseo por Facebook para ver las mismas ropas con los mismos gestos en diferentes lugares del mundo, parece ser que lo que buscan es la semejanza colectiva, la estandarización y no la cacareada autenticidad individualista.

Ya existe una gramática de la estética fotográfica y los usuarios la aprenden intuitivamente mediante la imitación, imitan fotos de quienes han imitado fotos. Mi hipótesis es que en cinco años existirá una plantilla de diez tipos de fotos básicas y obligatorias que la gente repetirá limitando sus posibilidades expresivas, así como el lenguaje se ha limitado a un par de decenas de palabras con las que se “comunican”.

Los postulados de participación, democracia, horizontalidad, individualidad interconectada y multiculturalidad que sustentan parte de la teoría de la web 2.0, empiezan a tambalear, las fotografías de las redes sociales dejan de mostrar las diferencias individuales para convertirse en escenarios de la igualdad, de la uniformidad y del conformismo gracias al confort de la aceptación social que produce el consumismo.

En síntesis si consumes lo mismo que los demás y lo exhibes en tu red social con las mismas poses y ángulos ¡Eres bienvenido a la web 2.0, al mundo globalizado!.

De toda esa pobreza nos habla la mala fotografía en internet y yo por eso prefiero no verla.

Pd: Con tantos buenos fotógrafos con sus portafolios publicados, falta tiempo para ver buena fotografía.
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