miércoles, mayo 16, 2012

Cartas a mi padre 2: El peor invento


EL PEOR INVENTO

Pá:

Quería hacer una lista de los mejores inventos del ser humano.  Me sorprende la capacidad de las civilizaciones para inventarse cosas o resolver problemas.  Hay inventos que produjeron cambios históricos como el papiro,  la imprenta o el internet. Hay  inventos que buscan hacernos la vida más cómoda  como el sanitario,  el vaso o el cuchillo.  Otros para hacernos la vida más divertida como el tambor o el lápiz y hay inventos que son evoluciones,  rediseños o mejoras de inventos anteriores como el láser, el automóvil o el teléfono celular.

Entonces pensé que una lista de los mejores inventos sería inabarcable pues la vida cotidiana está llena de de pequeñas creaciones maravillosas que cambian la vida de la gente,  desde la vejiga de ovejo que sirve para transportar agua en las sabanas africanas,  pasando por las finas agujas para sanar en Asia,  hasta los megacomputadores para hacer películas animadas.

Pero medir el grado de “bondad”  que defina  cuán bueno es un invento para determinar cuál es el mejor;  me resultó un intríngulis inacabable.


Así llegué a una lista de los peores inventos de la humanidad,  pues quizá sea más fácil determinar la cantidad de “maldad” o consecuencias nocivas de algún invento.  Anoté las armas de fuego en todos sus calibres,  el dinero en todas denominaciones,  los partidos políticos y las iglesias. Pero concluí que las iglesias son apenas la evolución de un invento previo aún más nocivo: El alma.

El alma es un invento, yo nunca me la he visto, ni me la he sentido ni creo que el dispositivo que siente en este organismo sea el alma.  En ese sentido el alma es apenas un concepto inventado, una palabra para definir  una dimensión indefinible del ser humano.  Y en el peor de los casos,  el alma es un invento para justificar una relación con los dioses,  es decir,  en la peor de sus acepciones,  el alma es el soplo de dios en cada uno de los hombres,  es la parte divina del humano,  es la trascendencia,  es la inmortalidad.

Como te he dicho,  no creo en el concepto del alma y esto me libera de la idea de la fe, del paraíso,  del cielo e incluso de la misma idea de dios.  Si existiera un dios,  seguramente yo no tengo dentro de mí un pedacito de él y así las cosas, él y yo no tenemos cómo comunicarnos,  si dios existe no tenemos canal diplomático de comunicación.

Pero este no es un tratado de ateísmo ni de rebeldía contra la fe o la religión.  Creo entender que el miedo a la inminencia de la muerte lleva a la gente a creer que tiene algo dentro de sí que va a ir mas a allá de lo que su cuerpo podrá andar y eso le da una esperanza de alargarse la vida en el más allá.

La negación de la muerte es el origen del concepto del alma que algunos han sabido aprovechar para montar el rentable negocio de la fe  llamado iglesia.

Me parece increíble que en pleno siglo XXI  después de la revolución científica y comunicativa,  la gente siga buscando caminos para encontrar el alma por fuera de las iglesias hegemónicas.  Creo que este fenómeno es un desgaste del ritual pues en el fondo la gente no cambia de fe sino de rituales,  deciden salirse de la iglesia católica romana para asistir a cultos de avivamiento simplemente porque sus rituales son más animados,  más enérgicos y su comunicación entre miembros del culto es más cercana.

La fe de esta gente sigue igual: creen en un dios creador,  en la promesa de un más allá idílico,  en la salvación y el pecado para regular su comportamiento;  pero cambian de templo y de ritual.

Pero más allá del próspero negocio de la fe y sus magnates,  el invento del alma ha separado a la humanidad y ha servido como excusa para justificar políticamente lo injustificable,  el alma y sus derivados ha sido el caballito de batalla de las guerras tanto en las cruzadas como en la invasión a Afganistán cuando un presidente de los Estados Unidos blanco y protestante llamaba a la  guerra a favor de su dios,  en contra de los impíos que no compartían su fe y así mismo,  un señor de barba  justificaba sus atentados para asesinar civiles anunciando la encarnación del mal que en aquél presidente y la civilización occidental.

El invento es tan perverso que los aborígenes americanos tardamos varios años para que el Vaticano nos otorgara el derecho a tener alma y así llegáramos al estatus de ser humano.  Así mismo en casi todos los momentos de dominación colonial o invasión militar,  los pueblos oprimidos han sido considerados como seres sin alma o por lo menos con una categoía de alma inferior o impura.

Además de perverso,  el alma me parece un invento innecesario,  el alma solo les sirve a los negociantes de la fe,  los demás no la necesitamos.   Sin alma quedamos liberados de la fe,  de la existencia de dios y sus negocios conexos.  Alguien diría que quedaríamos vacíos de sentido y seguramente tendrá razón,  pero podríamos llenar ese vacío con más humanidad,  más solidaridad, más justicia social y más amor por el otro.

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