lunes, diciembre 17, 2007

BUSCANDO A MIGUEL

Título: BUSCANDO A MIGUEL
Director: JUAN FISHER
¿Cuándo la vi?: Diciembre 12 de 2007. Cuarta Maratón de cien colombiana. Biblioteca Eduardo Carranza. Villavicencio, Meta.

Miguel (Luis Fernando Bohórquez) es un político joven. Desde su camioneta recorre la Bogotá que solo le interesa como potencial electoral. Convive con la infidelidad de su esposa, pero tampoco le importa. Ella le grita:
-Te odio.
Y él responde:
-Me importa un culo, ellos me adoran.

Esa suficiencia, esa confianza, esa seguridad en sí mismo, en su imagen, en sus electores; serán cuestionados en el desarrollo de la historia.

Comparte unos tragos con una mujer despampanante en un prostíbulo exclusivo, deja ir a su guardaespaldas y sin pensarlo queda “emburundangado”, le hacen el paseo millonario, le roban la camioneta y el dinero de sus tarjetas. Drogado está a las órdenes de los delincuentes. Queda desnudo en la avenida circunvalar donde solo unas monjitas le ofrecen una ruana.

Una extraña pandilla al parecer de “limpieza social” se lo lleva en una camioneta y termina en la morgue en medio de una red de tráfico de órganos. Logra escapar, desnudo, sin documentos pero especialmente sin memoria empieza a habitar la calle donde recibe la ayuda de indigentes y de un travesti quien lo acoge en su hogar, lo cuida y sana sus heridas.

Pedro (Hernán Méndez, recordado por un papel similar en "La Primera noche"), el indigente de sabiduría profunda le enseña los oficios de la calle, separar los materiales y buscar en los montones de basura.

-La gente no utiliza la lógica, nos dicen “desechables” pero con todo lo que le ayudamos a la tierra, nos deberían decir “ecólogos”.

Dice Pedro quien no le niega un poco de pegante para amainar el hambre. Y así conoce diferentes drogas, el alimento de la calle. Cada vez que está drogado explora una parte de sus recuerdos donde un padre autoritario le prohíbe vivir un romance con su compañera del colegio.

Su madre Leonor (Ana María Kamper) desesperada ofrece recompensa por información del paradero de su hijo. La red de traficante de órganos mata a un indigente, lo incinera y le vende ese cuerpo chamuscado. El conflicto de la madre adinerada buscando un hijo perdido adquiere un tono de desesperación al entrar a las calles oscuras acompañada de unos policías temerosos de bajarse de la camioneta. Al encontrar a Miguel en el cambuche, su madre le dice que se aliste para ir a la casa, pero el responde sin dudarlo:
-Esta es mi casa.

Considero que la escena del canto del travesti en el bar, se ve vacía de público y eso le resta fuerza. La productora del show (Fanny Mickey) entra al camerino a afanar a las divas travestis pues la función va a comenzar, uno intuye que el público espera el espectáculo pero en la escena solo se ve “la fonomímica” de Sol (Laura García) y unos tres travestis de público. Supongo que con diez extras en las mesas, la escena hubiera logrado su cometido; aunque logra salvarla con el inteligente texto de la salida; cuando Sol ve a su hermano Edgar (Luis Fernando Montoya) besando a una de las divas y quitándolo le dice:

-Lo que me faltaba, un marica en la familia es suficiente. Y usted, no se meta con mi hermano.
Y el hermano le responde:
-Para eso sí es machito, ¿no?.

En general el mundo de la calle, del travesti, del taxista, hasta de la cárcel, se desarrollan, mostrando una Bogotá nocturna, lúgubre, aterradora, prostituida. Pero el ambiente de la familia del político queda apenas insinuado. Lo que evidencia unas fisuras en el guión y en la edición, pero también demuestra que el énfasis de la dirección estuvo en crear ese ambiente de las calles bogotanas ¡Y lo logró de una manera poética, realista y conmovedora!.

Juan Fisher creció mucho desde su no tan acertada película “El séptimo cielo”, donde Nueva York y el conflicto del inmigrante que pierde los ahorros de su hermano, queda como en veremos, sobre todo por el final, donde la abuela había guardado el dinero para darle una lección moralizante.

Supongo que filmar en espacios públicos de Bogotá tiene menos trámite que en Nueva York, donde le tocaba salir corriendo con la cámara cada vez que veía un policía. Ha crecido tanto Juan Fisher que se da el lujo de salir como extra en su película, al estilo Hitchcokc, interpreta a uno de los agentes en la escena del allanamiento a la casa del travesti.

¡Eso es tomársela en serio y gozársela! desde la actuación, la dirección, la producción y la edición, es decir, toda una obra de autor, seguramente por necesidad creativa pero también por necesidad económica. Cuando estaba en la producción de “El séptimo cielo”, (Título en homenaje a una famosa discoteca caleña); tenía que pagar las horas de estudio con las tarjetas de crédito, una facilidad del comercio crediticio gringo que le permitió terminar la película.

En “Buscando a Miguel” se percibe también la producción de Erwin Goggel, quien con una basta experiencia en cine y documental le da un tono de ese “realismo colombiano”, desarrollado muy profesionalmente por el elenco.

Definitivamente me gusta ese “estilo de actuación colombiano” (sin temor a exagerar en ese término), no porque yo sea nacionalista, sino por el realismo de la interpretación que han logrado los actores colombianos, por ejemplo frente a la falsedad de la dicción y acento de algunos actores mejicanos, españoles y venezolanos. Me parece que la independencia es una ganancia de la película, pues a veces las coproducciones internacionales exigen incluir actores que no encajan en el estilo actoral colombiano y terminan salidos del tono de la producción. Sobra recordar el acento pastuso-paisa-español del protagonista de “Rosario tijeras” o la falsedad de la voz del mexicano en “La ministra inmoral” por dar solo dos ejemplos.

Regresando a la historia, Miguel logra entrar a una institución de rehabilitación donde curiosamente trabaja Helena (Mónica Gómez), ese amor de la juventud. Se insinúa que Helena quedó en embarazo siendo muy joven y fue “abandonada” por Miguel… del supuesto hijo no se sabe nada, pero sí del resentimiento de Helena por el egoísmo de Miguel; este conflicto no queda claro evidenciando otra fisura del guión.

Ya con ropa limpia y “rehabilitado”, Miguel agradece al indigente y acompaña al travesti a salir de la cárcel donde estuvo por el supuesto delito de secuestro.

A pesar de las inconsistencias de la edición, especialmente los saltos de tiempo al cierre de la historia; uno de los principales logros de “Buscando a Miguel” es la “humanidad” de sus personajes: los indigentes, los travestis, el taxista; no son presentados de manera lastimera por su condición, tampoco son simples estereotipos de seres marginales; por el contrario, tienen la dignidad de un ser humano, desde su elección de vida. Son desarrollados como seres humanos, como un igual, como un semejante. En ese sentido, la película no vende miseria, no es pornomiseria ni colombianismo chistosito (vicios tan difundidos en nuestros medios audiovisuales), es una profunda reflexión sobre la condición humana.

Llegó el happy end y yo quedé con una sensación como entre emoción e insatisfacción, como de algo que me tocó pero no de la forma adecuada, como un sabor “bretchtiano”; lo que en teatro se llama “dramaturgia épica”, básicamente ver la transformación del personaje. Presenciar esos cambios donde las situaciones de la vida llevan al personaje a reevaluar lo que era, a ser otro en otras condiciones y desde ahí a tomar otro rumbo vital.

Creo que eso es lo mas importante de la historia; esa transformación de lo sustancial en la vida del personaje: esa suficiencia, esa confianza, esa seguridad en sí mismo, en su imagen, en sus electores; que ahora no son un voto; sino una persona, alguien que ayuda, un semejante, alguien con nombre... De un NN a un Raúl, a un Nazareno, a un Miguel…

Y todo eso lo logra la película sin pretender plantear una moraleja política ni social; sino profundamente humana.


Fotografías tomadas de: Séptimo arte
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