viernes, diciembre 14, 2007

REFLEXION SOBRE LOS NÚMEROS

REFLEXION SOBRE LOS NÚMEROS

NOVIEMBRE 27 DE 2007

Los números nunca me dijeron nada… son el idioma inexpresivo, incomprensible.

Yo me alejé de los números por convicción desde que empecé a estudiar álgebra, como en octavo grado por allá en 1993…

Sé que los números me ganaron, que no puedo llegar a ese nivel de abstracción. Como la matemática me quedó grande, yo decidí compensarme mediante el lenguaje. Discursear me queda más fácil que sumar… y desde ahí mantuve una guerra sin tregua contra los números.

Cuando en el 2002 estudié administración de recurso humano y ví estadística; me reconcilié un poco. La estadística me dice algo: modas, medias, medianas, frecuencias. Encontré que esa información es útil en la investigación. Recordé que de niño me gustaba la geometría: ver áreas, perímetros, ángulos… Pero yo no sé qué cosa es una derivada, ni qué cosa es un límite, ni me puede imaginar un número irreal, mucho menos uno imaginario. Mi simple aritmética solo alcanza a imaginar los números naturales, y eso; ni siquiera los números primos.

Una raíz cúbica me es incomprensible de nueve para arriba. Se que una raíz cuadrada es una multiplicación al revés, como una suma lo es a una resta o una multiplicación a una división. Pero no se cómo llevar los números a la vida práctica.

Si voy a un banco a sacar cien mil pesos, ruego que el cajero se compadezca y me entregue dos billetes de cincuenta, pues si lo hace en billetes de diez; me confunde. Cuando manejaba grandes cantidades de dinero, tenía que contar cada millón tres veces y aún así me parecía que faltaba, que me iba a descuadrar.

Contar plata me da angustia, siento como si siempre se me fuera a perder un billete y me tocara pagarlo. Yo prefiero no hacer transacciones en dinero, no me siento seguro cargando plata; no porque me vallan a robar. Siento que esa fragilidad de los billetes se me va a contagiar, que van a salir volando y voy a quedar en deuda.

Nunca fui buen tesorero, nunca entregué bien las vueltas de un mandado, nunca he dado un informe financiero del dinero de mi empresa, nunca se cuándo me gasto mi salario… y no es que yo me quede con una parte o que la malgaste, al contrario; desde que trabajo no me doy ni un lujo, no me tomo ni una gaseosa y a pesar de eso, la plata nunca me alcanza. Por eso nunca me importa.

Esa es una reacción normal en mí: restarle importancia a las cosas. En una discusión, o en momentos de estrés, a mí se me disparan los tacos, quedo como inmóvil, como sin voluntad, como con un ataque de escepticismo en todo el cuerpo.

Nunca me he propuesto tener dinero, me parece vil decirlo como un objetivo de la vida. El dinero es un medio, no un fin para la felicidad. Nunca me he propuesto poseer, el solo verbo me parece odioso.

Alguien me dijo que otra persona me debería administrar el talento, que me dedicara a crear, a producir y yo de bestia me lo tomé en serio… Aquello de tener “talento” y aquello de que alguien lo administrara.

Ernesto Sábato en su célebre ensayo Heterodoxia, plantea el número como una representación y el sistema bursátil como la representación de la representación, es decir, el número representa a la moneda que representa al producto… así llega la representación al extremo de que un corredor de bolsa vende números que representan bultos de café o barriles de petróleo, sin conocer a qué sabe ese café o a qué huele ese petróleo. Es decir, nunca lo han visto, solo se conforman con la variación de un porcentaje. ¿Esa es la realidad? Me pregunta Sábato desde su ensayo.

Pero en mi vida práctica solo sé que las matemáticas me quedaron grandes, que no pudo entender el idioma de los números y que sin ellos he podido vivir, mal, pero vivir; lo que demuestra su absoluta inutilidad… (en mi vida ¿o de mi vida?)

Los banqueros me chocan, yo no ahorro, no solo porque nunca he tenido un excedente, sino porque me parece que no de debo financiar el negocio a esos criminales: los mismos que hicieron perder los hogares por el Upac y el UVR, los mismos que se siguen robando el tres por mil, que era para ayudar a los damnificados del terremoto del eje cafetero, se lo apropiaron y ahora lo convirtieron en cuatro por mil a cada transacción financiera…. Facundo Cabral se preguntaba ¿Quiénes son mas ladrones: los que roban un banco o aquellos que lo fundaron?

Y yo tengo claro que los ladrones son los banqueros por haber tenido la capacidad de ponerse como eje del sistema social.

La idea misma del interés fue un cambio importantísimo para el surgimiento de la sociedad burguesa. En la edad media no se podía cobrar interés pues eso significaba cobrar por el tiempo de uso del dinero y el tiempo era un bien de dios. No era moral cobrar intereses por dinero. Los burgueses convencieron a la sociedad de que el dinero no valía lo mismo hoy que mañana o que dentro de ocho días valdría mas. Demostrar la fluctuación monetaria implicó un cambio radical en la moral colectiva y fue un paso importante para la consolidación de la burguesía como la clase que sostendría el nuevo esquema social después de la monarquía.

Ahora nos pasa igual, la lumpenburguesía[1] que nos gobierna dice que todo puede ser comprado: la conciencia y la intimidad ahora venden en los reality show. La es un bien de mercado tanto para sicarios, como para secuestradores, como para torturadores y desaparecedores. Cuando el dinero puede comprar la vida y la conciencia ya no hay nada mas que comprar… yo solo aspiro a no dejar que me compren… creo que mi dignidad vale mas que un peso.


[1][1] Lumpenburguesía: le escuché este término al genial Jaime Garzón (QEPD) para referirse a esa clase social emergente que fue tomándose todos los sectores del poder nacional financiados por el narcotráfico.

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