sábado, abril 12, 2008

oma

MARCA: OMA
Lugar: Local carrera 7 con 15. Bogotá D.C.

Me gusta OMA. Hace unos años salíamos de las lides de la gestión cultural: entregar proyectos, informes, cuentas de cobro, respuestas a derechos de petición, demandas, otrosís contractuales y otras arandelas y nos felicitábamos con un cafecito en OMA.

La madera, los espejos y las curvas de las sillas dan calidez a sus locales. Al principio el logo me parecía moderno, pero se ha ido envejeciendo lentamente aunque eso no le quita nada a OMA ni a la calidad de sus productos. Ya no se ve moderno, pero tiene la suficiente identificación con su producto y su segmento de mercado. OMA es OMA aunque su logo se vea como enmohecido.

Escuché decir que OMA era muy popular y que Juan Valdéz sí era para gente gourmet ¿Existe la gente gourmet?. Aquí usan cualquier palabra de manera peyorativa. Y claro que Oma es popular, no en el sentido peyorativo sino de la amplitud y fidelidad de su clientela.

Yo siempre pido granizado de café aunque el de maracuyá me gusta más. La crema OMA no tiene comparación. Al principio me sorprendían con esos granos de café amarguito rodeado de chocolate. Me sorprendían con la torta de kiwi o de semillas de amapola, pero cada vez me sorprende menos, cada vez encuentro menos cosas nueva, antes me maravillaba ante cualquier nuevo ofrecimiento. Pero ya no voy a OMA a sorprenderme sino a encontrar lo mismo de siempre: mi granizado con torta de amapola.

Cuando no hay mucho afán ojeo alguna revista Rolling Stones o Gatopardo, hago pose de pensamiento profundo y me tomo el café lentamente relamiéndome la leche condensada para sentir el contraste dulce-leche café-amargo en la lengua. Miro distante, como sin preocupación por el mundo circundante, tomo lentamente en un ritual del Te japonés pero en la séptima y sin tanta ceremonia, miro a nadie por la ventana o en los reflejos interiores, y les demuestro cuanto me desinteresan con el gesto de mis piernas cruzadas, me esfuerzo en hacer esa pose de relajación por lo que pasa mas allá de mi epidermis y cuando logro desinteresarme y verme fresco e informal sin perder la compostura, casi siempre logro parecerme a los otros clientes.

En OMA he tenido varias conversaciones importantes: cientos de proyectos inconclusos, varios amores no consumados y una cantidad de malas intensiones que no he llevado a cabo. Todos los que me han aceptado una invitación lo pueden certificar; lo de los proyectos imposibles y especialmente lo de los amores no consumados.

Por dejarme unos minuticos para la charla lejos del mundanal ruido del centro de Bogotá, por promover una cultura de café y por uno que otro buen recuerdo; simplemente me gusta OMA.

Foto: Margarita Aguas García, Johana Martínez y Felipe Chávez en OMA de la 7 con 15 en Bogotá. Marzo 21 de 2008.

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