domingo, diciembre 21, 2008

¿Cuál es la función del maestro de filosofía?

¿Cuál es la función del maestro de filosofía?

Cada día me hago la misma pregunta ¿cuál es la función del maestro de filosofía en el aula? Y llevo por lo menos diez años respondiéndome de la siguiente forma:

El maestro de filosofía tiene como objetivo principal facilitar la búsqueda de la felicidad de sus estudiantes, tiene como fin ultimo ayudar a ser persona felices. Pero a construir una felicidad diferente a la que ofrece la sociedad, una felicidad diferente a la del menor esfuerzo, a la de los placeres inmediatos, a la felicidad cosmética. El maestro tiene como función promover el placer por el conocimiento.

Junto a este gran objetivo, el maestro debe promover la formación integral del ser humano, pero como eso es tan grande, debe lograr el desarrollo de dos elementos específicos:

a. a. SER UN GRAN OBSERVADOR DE LA NATURALEZA, la sociedad y el ser humano, sorprenderse frente a la maravilla de lo cotidiano, ver lo que no es aparente, ver mas allá de donde otros no ven.

b. b. INCENTIVAR EL PENSAMIENTO CRÍTICO, AUTÓNOMO Y DIVERGENTE.

Esto implica en primer lugar, conocer la historia de pensamiento, de la cultura universal, de los principales discursos y paradigmas teóricos de la filosofía; es decir, el componente teórico. Para llegar a su pensamiento autónomo, es decir el propio, no el impuesto por las ideologías y los dogmas, sino el desarrollado por cada estudiante frente a su mundo particular.

Y en tercer lugar, el pensamiento divergente, es decir su desarrollo ético, donde el estudiante tenga la capacidad de tomar decisiones justas, en beneficio de la sociedad sin importar si son la mayoría o la minoría numérica. El pensamiento divergente le da la capacidad de decidir, de participar o no en la cultura o la contracultura de su comunidad. Le da la capacidad de elegir entre ser corrupto o no serlo aunque lo inciten, esa capacidad de decisión sobre la vida cotidiana, es el pensamiento divergente que el maestro debe desarrollar.

Para terminar, retomando la tarea inicial que le auguro al maestro de filosofía: ayudar a ser feliz imagino la siguiente metáfora:

El camino de la felicidad no solo se transita en el goce, también en el esfuerzo, en la dificultad y a veces hasta en la amargura. El maestro de filosofía es semejante al líder de una expedición de alpinistas, él enseña la técnica, la recuerda cuando alguien olvida un procedimiento, da su mano amiga cuando alguien se cae; pero no carga a nadie hasta la cima, ni siquiera se ofrece a cargar el equipaje individual. El líder de la expedición planea los caminos mas seguros, está pendiente del clima para tomar las decisiones mas acertadas, pero no camina por nadie mas diferente a sí mismo.

Logra que cada miembro de la expedición trace y recorra su propio camino. ¡ahí está la felicidad!, seguramente no en el “poder” que da estar en la cima pues siempre habrá una montaña mas alta, un clima menos benigno. La felicidad está en el recorrido, en cada decisión que se toma, en proteger la vida en compañía de el-otro, en ver los paisajes del mundo destre otro ángulo, en tener una experiencia personal con el universo, en recorrer ese camino que como el camino del estudio filosófico, no tiene un final próximo.

Con esta metáfora entiendo la tarea del maestro de filosofía y a veces me levanto con ganas de ejercerla.

Las fotografías de este post fueron tomadas en una de mis clases de Plan Lector: los estuadiantes hacen un círculo y dormir, mientras el profesor lee unas páginas, después es reemplazado por otros estudiantes que leen en voz alta a sus compañeros.

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