viernes, diciembre 26, 2008

¿Dónde está dios?

Imagino al hombre primitivo viendo caer el sol cada tarde imaginando una fuerza sobrenatural que lo mueve para subir y bajar. Imagino a otro hombre primitivo diciendo que la única forma de mover semejante sol, es porque él mismo se mueve, porque tiene voluntad de hacerlo o dejarlo de hacer. Imagino a un tercer hombre primitivo poniendo nombre a ese sol mientras otro le da un status de divinidad mientras aparece otro hombre a rendirle culto, mas adelante otro aparece a querer agradarle para que se esconda y deje llover, para que crezcan las plantas, para que den frutos pues obviamente crecen por su voluntad poderosa… y así sucesivamente imagino una serie de hombres primitivos que creyeron esa explicación y se arrodillaron a alabar al sol y a obedecer a sus representantes en la tierra.

Este párrafo puede parecer una ridiculización del nacimiento del pensamiento mágico, origen del pensamiento mitológico, religioso, filosófico y mas tarde, el científico. A mi modo de ver; ese párrafo es la paradoja del hombre en su incansable tarea de explicar los fenómenos naturales, de “darle sentido al mundo” como si el mundo no lo tuviera por sí mismo.

Me remito al pensamiento mágico, que incubará el animismo, la magia y la religión, como el primer camino para comprender la magnificencia de la naturaleza y al encontrar una respuesta medianamente congruente, se convierte en verdad irrefutable, pues tiene los sacerdotes y chamanes que vigilan la unívoca interpretación, mientras ofician los ritos para agradar a esas fuerzas sobrenaturales que pueden acabar la vida en una inundación o gentilmente dar el alimento en cada semilla.


Posterior a esta historia, imagino a un tipo, digamos un científico; intentando demostrar que no es magia si dos minerales se atraen por tener determinada carga energética, que un rayo no es un milagro sino el efecto físico de las cargas positivas o negativas de la materia en el aire, que una inundación no es una maldición sino un desbordamiento, una avalancha, un derretimiento, exceso de lluvia u otra alteración en el cause de un río. Imagino a ese tipo haciendo pruebas en un laboratorio para demostrarse que está equivocado; que su hipótesis no es cierta, que el experimento pude demostrar exactamente lo contrario a lo que acaba de afirmar.

En ese sentido encuentro a la ciencia como una desmitificadora, como una libe
radora del pensamiento mágico. Y aseguro que los dioses son un invento de los hombres por su incapacidad de explicar los fenómenos de la naturaleza.

Si comprendemos que la fecundación se produce en un tiempo específico por la unión de un espermatozoide y un óvulo ¿dónde está la magia, donde están las fuerz
as sobrenaturales, donde está un ser misterioso que nadie ha visto, dónde está dios?.

Si comprendemos que un árbol,
un animal o el hombre crecen y se multiplican por la reproducción celular, basada en las cadenas químicas, que producen moléculas cada vez mas complejas, tejidos y organismo ¿dónde está lo inexplicable, dónde está la divinidad?. Justamente lo divino “del milagro” de la vida es la simpleza de la naturaleza, que no por simple necesitó un arquitecto minimalista.


¡La misma naturaleza se construye y se destruye! En ciclos tan cortos como la vida de un
a mosca o tan largos como las glaciaciones.

¿Por qué el hombre necesita una presencia omnipotente para controlarle la vida?, ¿Somos tan dependientes de la sumisión que necesitamos inventar dioses, mesías y profetas que decidan por nosotros?, ¿Somos tan alérgicos a la libertad que requerimos la presencia de un ser divino para actuar correctamente y no matar a nuestros semejantes?

Las fotos de este post son de la comparsa "Indios Yumbos" en el desfile del Encuentro de Música Colombiana, Yumbo en noviembre de 2008. Y solo cumplen la función de acompañar el texto.

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