miércoles, diciembre 30, 2009

Modelos pedagógicos. Capítulo 4

CAPÍTULO 4
SOBRE LOS MODELOS PEDAGÓGICOS EN LOS QUE ESTUDIÉ

Mi educación primaria sucedió en el Real Colegio San Francisco de Asís en la ciudad de Popayán, Cauca. Era un edifico colonial en el centro de la ciudad, que había sido sede de estudios de varios personajes históricos de la ciudad.

En los descansos jugábamos a aprender de memoria los nombres de ex presidentes de la república que habían nacido en la ciudad y los nombres de personajes ilustres que habían estudiado en ese edificio.

La educación era masculina, aunque cuando yo iba en tercero o cuarto de primaria, ingresaron las primeras niñas al grado primero. Hoy en día el colegio es mixto, pero yo lo recuerdo totalmente masculino con uniforme café y habano.

Las clases de primaria eran en la tarde y cuando llovía las horas se hacían eternas y me daba la impresión que estudiaba hasta la noche. Tengo los mejores recuerdos de mis profesores. La profe Rosita de primero era el coco, ella le había enseñado a leer a todo el colegio, hacía el sonido de la “C” pero no decía “Ce”, si no que hacía el sonido gutural de la “C”, lo mismo con la “S”, que no se llamaba “Ese”, sino la letra “S”, dejando salir el aire entre los dientes. En el salón había un estudiante muy fuerte e inquieto llamado Harold. Recuerdo que la profe le partió una regla de madera en la cabeza.

En tercero de primaria recuerdo al profesor Gustavo Chicué, por quien me quedé un fin de semana sin TV para aprenderme las tablas de multiplicar. Él me enseñó a definir conjuntos: “X tal que X pertenezca al conjunto de los números naturales y sean divisibles entre dos”. Desde ahí lo único que he hecho es definir, es decir, armar conjuntos donde caben unos elementos y se dejan por fuera otros.

También recuerdo las clases de sociales, el calcado de mapas, los concursos para saber de memoria las capitales de los departamentos y en español los poemas y canciones recitados. Lo mejor llegó en cuarto de primaria cuando debíamos escoger una actividad extracurricular para entrenar por las tardes, podía ser cualquier selección deportiva o grupo artístico. Yo escogí teatro y desde ahí el arte me ocupó más tiempo que el estudio. Pero era muy exigente: tres ensayos de tres horas a la semana.

El bachillerato lo hice en el colegio Claretiano en Bogotá, del que no tengo muchos buenos recuerdos. A mi llegada al grado séptimo me impactó la indisciplina, nadie levantaba la mano ni se ponían de pié cuando entraba un adulto como lo hacíamos naturalmente en el colegio en Popayán. Obviamente la gente de la capital era muy extraña y fue necesario camuflarme para sobrevivir. En el Claretiano se hablaba en exceso, todo era un debate, todo se discutía. Hacíamos lecturas larguísimas en contra de un tal hombre light y a favor de un tal hombre nuevo que nosotros deberíamos construir en América latina.

Años después supe que el método era escolástico: lectatio / disputatio. También teníamos largas horas de liderazgo promoción de la comunidad. Interminables lecturas de ética y economía política.

A los 14 años ingresé como vocacional a la Comunidad Claretiana donde conocí la Teología de la Liberación y el marxismo, entonces me cogió una angustia por la incoherencia del colegio frente a la interpretación del mundo que promulgaba la Comunidad Claretiana. Entonces el colegio me empezó a parecer falso, dejé de creer en los profesores y sus discursos pues consideré que la práctica social hacía que el discurso de la Liberación cobrara sentido. Esa angustia está asociada a todos los malos recuerdos que tengo de esa institución.

En suma mi educación primaria fue tradicional pero feliz, puedo afirmar que nunca me maltrataron y que no me embrutecí por aprender de memoria las capitales de los departamentos, por el contrario, son datos de los que puedo disponer en cualquier momento sin necesidad de un computador.

Del bachillerato destaco el humanismo inspirado en la filosofía de la liberación con el cual sigo plenamente identificado.

Esas propuestas educativas estaban enmarcadas en un ideal de ser social, en la solidaridad como expresión del amor cristiano. También en la posibilidad de ser seres históricos que dejaran huella en la transformación del mundo.

En cambio hoy en la educación en que trabajo, escucho promulgar que la única opción es consumir para ganar status en la sociedad, que la sociedad está bien como está, que la pobreza es una elección de los perezosos, que la única posibilidad es acomodarse al status quo pues simplemente el mundo está bien como está, que sálvese quien pueda, que para eso se debe enseñar y aprender a ser competente…
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