jueves, enero 14, 2010

Autorretrato 1

Soy Felipe Chávez, o por lo menos intento serlo cada mañana. Hijo de Oscar y Stella, esposo enamorado de Carolina, exnovio de Angela, de Alexandra y de Luisa. Examante de algunas innombrables. También conocido como el tío que abandona a sus tres sobrinos al azar de la realidad.

Contador de historias. Falseador de realidades. Coleccionista de momentos, saltimbanqui, viajero, enamorado de utopías, revolucionario aburguesado, perezoso y traicionero.

Soy Felipe Chávez a pesar de este cansancio, a pesar de este país cuya violencia no ha logrado acallar mis respiros. Objetivo militar de los oficialistas. Acusador de la injusticia, soñador empedernido, iluso. Muerto prematuro con una muerte anunciada, lengua inocua, brazo débil y sonrisa fingida para quedar bien en todo lado.

Soy Felipe Chávez obrero del oficio de la pedagogía. Comparto el tiempo con niños que me enseñan a colorear y a leer historias en las mañanas de los años mas extraños que he vivido.

Me jugué la vida entre escenarios y vestuarios. Mis amigos fueron ángeles cómplices de lo imposible y sobrevivo en sus recuerdos como el soldado que se enorgullece de la batalla donde perdió un ojo, una pierna y una mano. Mis hermanas me dieron los mejores años de sus vidas y se los agradecí el día de mi matrimonio.

Me he pasado veinte años preguntándome quién soy, pero un eco de preguntas me retumban en el pecho. Escribo aunque nadie lea estas frases inconexas, aunque nunca alcanzaré la fama que para mi esposa es sinónimo de éxito, aunque nunca gane un peso. Realmente escribo contra mí, para destilar mi rabia de adolescente perdido y ya no me importan las audiencias. Me pagan por olvidar lo que sabía, por exponer en público mi ignorancia ¿qué mas puedo pedir?.

El dinero no me importa, trabajo de sol a sol con la única intensión de pagar un techo donde comparto mi idilio con una mujer hermosa que dice amarme y me promete su vientre en las noches de cansancio. Trabajo para comprar unas papas y unos lomitos de cerdo que el noventa y cinco por ciento de los habitantes de este país nunca podrán comer tres veces por semana como lo hago yo hinchándome la panza. Trabajo con desgano aunque mi patrón cada mes consigna lo acordado. Trabajo mal, oculto mi mediocridad haciéndome visible. No pego un ladrillo, no trasnocho, no construyo, no aporto al desarrollo, no salvo vidas, no defiendo a nadie, no promulgo verdades ni creencias, no curo, nadie puede contar conmigo aunque me cuenten sus secretos, no cultivo la tierra ¡Y me pagan por no hacerlo!.

Soy Felipe Chávez y tengo treinta y un años que se pueden resumir en dos amores, un fracaso, una familia, una esposa, cuatro libros y cientos de páginas tiradas al aire que no logran expulsar mis dolores ni llenar estos vacíos.

Soy Felipe Chávez y este intento de texto tampoco me da una respuesta, ni un poco de luz ni un remedo de compasión.

Soy Felipe Chávez, o por lo menos intento serlo cada mañana.
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