domingo, febrero 24, 2013

Historias de guerra

Y entre la avalancha de información para indignar diariamente a gente que ni cambia ni ayuda a cambiar la historia,  hoy me llama la atención la coincidencia de tres medios al publicar historias sobre la guerra:

En Arcadia,  Marta Ruiz cita un informe publicado por el Centro de Memoria Histórica:

“–Llevo a la víctima vía a Puerto Amor, allá hay una casa sola, abandonada, donde ese día tenía yo los enfermeros allá dictándoles instrucción (…) la víctima se lleva amarrada (…) le dije lo que íbamos a hacer, que le iba a colocar anestesia local y que iba a empezar a hacerle (…) un experimento… Se le tapó la cara y se le colocó anestesia local y se empezó a practicar con él para canalizar las venas. Después en una parte de la pierna, se le colocó anestesia local y se le rajó con un bisturí una parte para enseñar a los muchachos a suturar (…).
–¿Todos suturaron a la víctima, once veces se canalizó a la víctima, once veces se suturó a la víctima?

–Sí doctora… La víctima duró dos horas, no decía nada, se le dio agua…después se asfixió la víctima, la asfixiamos. Se le coloca una toalla en la cara y se le tapa la nariz y la boca para ejecutarla… Después de ejecutada se coge y se abre a la persona para enseñarle a los muchachos cómo se componía una persona para enterrarla (…) para que se pudiera demorar y no se dañara…
–¿Qué hacen con el cadáver de esa víctima?
–Por orden de Rafa se tira al río”. 

El Tiempo  reseña "El trágico final de una mujer con coraje"  que vivió atrocidades como esta:

“Abusaron sexualmente de mí –afirmó en la entrevista con María Jimena Duzán–. Yo digo que fue una violación oral. Me tocaron los senos y luego me hicieron (practicar) sexo oral, mientras uno de ellos ponía una pistola en mi cabeza. Según ellos, no me iban a matar para no hacerme mártir (...) Luego cogieron una botella de agua y me limpiaron. Me hicieron tomar mucha agua (...) Uno de ellos estaba tan confiado que se me puso enfrente y me dijo: ‘Mire esta cara, porque se va a acordar de ella toda su vida’”.

Y El Espectador en Cuerpos marcados por la guerra,  narra la vida de un par de mujeres víctimas de violencia sexual por combatientes del ejército,  la guerrilla y los paramilitares:

"Unos hombres me abordaron y me obligaron a irme con ellos. Cuando me estaban rasgando la ropa y pegando patadas me preguntaban por una de mis compañeras con nombre y apellido. Después recuerdo que me penetraron varias veces y me obligaron a hacerles sexo oral. Me dio mucho asco, pero cada vez que trataba de desviar la cara me obligaba a seguir. Entonces cerré muy fuerte los ojos. Desde cuando me violaron la primera vez, que vi a los hombres que abusaron de mí, nunca quise volver a ver esa imagen."

Y entonces,  mientras suceden estas historias,  "la gente de bien"  de las redes sociales y los medios masivos de desinformación cada día se indigna por la foto de la moto,  por la pensión de fulano,   porque la modelo no sabe escribir inglés,  porque sí y porque no y no y militan en cuanta causa humanitaria los convoque a movilizarse haciendo clic.  Y en serio creen que hacer clic es estar comprometido ...

Pero ese es un tema que ya desarrolló mejor mi tocayo Oscar Collazos  en Mas cabreados que indignados,  básicamente.

"En una sociedad de cabreados castigada por el mal funcionamiento de las cosas, la gente se contenta con las generalizaciones: les echa la culpa al gobierno, a los políticos, a los curas, a los comunistas, a los oligarcas. Cuando nos pasa el cabreo, volvemos a chapotear en las aguas del conformismo. Los cabreados arman el caos, pero no cambian las cosas ni cambian a quienes podrían cambiar las cosas que deben cambiar.
(...)
Por ejemplo: nada nos cabreó tanto como el cinismo de Gobierno y congresistas en la abortada reforma de la justicia, el 4 por ciento de aumento salarial, la decisión de La Haya y la hipocresía patriotera que provocó, la estafa colosal de Interbolsa, las basuras de Bogotá, etc., etc. Nos falta dar el salto cualitativo: convertir el calentamiento fugaz de la sangre en un "sentimiento de intenso enfado que provoca un acto que se considera injusto, ofensivo o perjudicial". Es decir, en indignación. Las sociedades desesperanzadas se cabrean; las esperanzadas, se indignan."   
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