lunes, febrero 14, 2011

Sobre la disciplina y la libertad

DISCIPLINA Y LIBERTAD

Para ampliar el debate propuesto por Fernando Savater en El Valor de Educar, entre las nociones de disciplina y libertad es fundamental remitirse al célebre documento Vigilar y castigar de Michael Foucault  quien empieza haciendo una  caracterización de “la sociedad disciplinada”.

Después de esquemas de control social como la esclavitud,  el vasallaje y el ascetismo monástico,  a final del S. XVII la sociedad europea empieza a convertirse en una sociedad disciplinada mediante la obediencia del cuerpo.  Los cambios sociales que se dieron por la aparición de la burguesía, la construcción de ciudades,  el establecimiento de las naciones y especialmente los cambios técnicos que cambiaron los sistemas de producción,  van a poner al cuerpo  en una situación de obediencia masificada.


Aparecen nuevas formas de castigar para garantizar el orden social,  las ejecuciones públicas de los “delincuentes”  se cambian por “la pena privativa de la libertad” y así aparece la cárcel – el panóptico como una nueva institución social que pueda amedrentar a los ciudadanos para advertirles sobre la necesidad de cumplir las normas,  la obediencia al gobierno y el respeto a la propiedad privada.

El panóptico es:

Una estructura semicircular, con habitaciones que estén abiertas hacia el interior de un patio y cerradas hacia afuera. En el patio, en el medio del diámetro encontramos una torre, de la misma se ve hacia las habitaciones que dan al patio.[1]

Y se va a convertir en el modelo arquitectónico de la sociedad y sus instituciones.  El panóptico es el modelo para vigilar a los obreros de la fábrica,  a los desquiciados en un sanatorio,  a los enfermos en los hospitales  y paradójicamente a los estudiantes en las aulas. 

El panóptico permite tener cuerpos dóciles y obedientes mediante tres mecanismos:

La vigilancia permanente y personalizada.
Mecanismos de premio o castigo.
Correcciones y aplicación de las normas.

Con el nacimiento de la educación masiva,  la escuela copia el modelo arquitectónico del panóptico y así reproduce sus prácticas de poder.  Aparece el castigo como “herramienta educativa”.

Foucault habla de la arquitectura de la vigilancia que haga posible que una única mirada pueda recorrer el mayor número de rostros, cuerpos, actitudes la mayor cantidad posible de las cedas; así la tarea principal que le compete a la vigilancia es "vigilar a los individuos antes de que la infracción sea cometida" por eso se la simboliza por un ojo siempre abierto.[2]

Ya en épocas de la revolución industrial,  la escuela se masifica para cualificar mano de obra para las fábricas,  pero el fundamento de esa cualificación no es el conocimiento sino la obediencia.  La fábricas necesitan obreros que sepan obedecer,  que puedan seguir instrucciones y realizar labores repetitivas,  entonces la escuela copia esas mismas prácticas,  la repetición memorística de contenidos en el aula no tiene mas justificación pedagógica que preparar operarios para las máquinas del sistema de producción industrial. En ese sentido,  la escuela responde a un modelo social que necesita esclavos entrenados para vivir bajo el mando.

La coincidencia arquitectónica de la escuela con el panóptico y con la fábrica es simplemente la respuesta al modelo de social que se define la función de la escuela: o la escuela es el lugar del reclutamiento social o es el lugar para la formación de la libertad y la crítica. Este debería ser ele je del debate en la escuela hoy.

Pero pasado el siglo XX donde la educación apareció como movimiento social,  después de la revolución del vapor y la del petróleo y especialmente en el actual contexto de la revolución digital;  ¿Qué papel debe cumplir la escuela para la sociedad? Y ¿qué papel debe ejercer el docente dentro de la escuela?.

Julián de Zubiría Samper[3] plantea que hay dos modelos educativos uno heteroestructurante y uno autoestructurante. El modelo heteroestructurante hace énfasis en el docente quien debe “estructurar”  los conocimientos y comportamiento del estudiante. Este modelo incentiva la dependencia pues el estudiante siempre necesitará del otro para que le regule lo que debe hacer.

En cambio el modelo educativo autoestructurante hace énfasis en el estudiante quien debe estructurarse a sí mismo,  aprender,  autorregularse. Este modelo incentiva la libertad pues el estudiante debe tomar conciencia de sí mismo para aprender, actuar y tomar decisiones en el mundo.

Entonces la función que la sociedad da a la escuela vista desde las dos posibilidades de modelos educativos,  heteroestructurante o autoestructurante,es el contexto material que define las relaciones éticas de la educación y específicamente del docente.

Frente a esto,  el docente puede decidir ejercer una pedagogía desde el autoritarismo  para seguir perpetuando los modelos de control social a la manera del panóptico,  o puede ejercer una pedagogía del diálogo,  la inclusión para formar en la libertad para la libertad y todo lo expuesto sería el fundamento ético de la profesión docente hoy.


[1] http://www.avizora.com/publicaciones/derecho/textos/0010_panoptico_teoria_vigilancia.htm
[2] http://filosofia.idoneos.com/index.php/369888
[3] DE ZUBIRÍA SAMPER, Julián.  Los modelos pedagógicos,  hacia una pedagogía dialogante.  Editorial Magisterio,  Bogotá. 2006. P 13.
Publicar un comentario