viernes, mayo 22, 2009
martes, mayo 19, 2009
lunes, mayo 18, 2009
jueves, mayo 14, 2009
miércoles, mayo 13, 2009
Definición de seguridad democrática
A pesar de eso, esta semana se jaló un párrafo que define sustancialmente los tres pilares de la doctrina uribista, y lo cito textualmente por esa capacidad de sintetizar en un párrafo la otra cara del horror:
"— No, y hay que decirlo claramente: no nos preocupa el presidente Uribe como persona, lo que nos preocupa son las propuestas de su gobierno y su concepción del Estado.
Estoy de acuerdo: por una vez comparto el "nosotros" de majestad. Y no soy el único: lo comparte inclusive el propio presidente Álvaro Uribe. O por lo menos finge compartirlo cuando asegura que no tiene la ambición personal de perpetuarse en el poder, sino la intención de que en él se perpetúen sus principios, sus fines y sus métodos, a través de sus amigos. Que se mantengan su "cohesión social" que divide a los colombianos en buenos y malos, en terroristas y ciudadanos de bien. Su "seguridad democrática" que se traduce en cientos de miles de desplazados y millares de asesinatos de Estado púdicamente llamados "falsos positivos": una seguridad que no tiene nada de democrática, y por lo visto tan poco de seguridad que no protege ni siquiera a los que disponen de helicóptero artillado para ir a la finca, como lo acaba de mostrar el plan de las Farc para matar en Anapoima al Ministro de Defensa y a sus hermanos. Y su "confianza inversionista" basada en la extensión desaforada de la corrupción, en la renegociación de los contratos, en la garantía de subvenciones y de exenciones de impuestos, en la entrega al mejor postor de los recursos naturales de la Nación, desde el agua hasta el petróleo, en la firma de tratados leoninos de "libre" comercio con los Estados Unidos y con la Unión Europea."
El resaltado es mío y la columna fue publicada en la revista Semana.
domingo, mayo 10, 2009
Pipe Bueno: Lo guiso está de moda.
PIPE BUENO: LOS GUISO ESTÁ DE MODAHace unos años el adjetivo “Guiso” se puso de moda en la clase media para referirse de forma peyorativa a las expresiones de las culturas marginales, mas exactamente a los consumos de los estratos bajos.
Al parecer, el adjetivo “guiso” era una extensión de la expresión “guisa” usada para referirse a la “empleada doméstica”, a la “muchacha del servicio”. Así “lo guiso” era la versión “chiviada” de algún elemento de marca, la versión “basta y ordinaria” de algún elemento famoso; en general lo guiso es la versión pobre de la moda vigente.
Esa visión clasista, motivada por la radio de franjas juveniles y la televisión tuvo su auge hacia el año 2005 y 2006. Por ejemplo en la telenovela “Los Reyes”, una versión colombianizada del clásico “Los Beverly ricos”, la familia Reyes representaba lo guiso, la ordinariez, “lo popular, “lo pobre”, los paseos de olla, la comida de fritanga. Por el otro lado, la familia Iriarte representaba la clase alta, la impostura de las buenas costumbres, el estatus, “la clase”. Todos estos conceptos son subjetivos y solamente expresan el clasismo y la discriminación que promueven los medios de comunicación para vender imaginarios paradisiacos de tranquilidad y realización social.
El comediante Andres López en su espectáculo “La pelota de letras” ayudó a acuñar el uso del horrible concepto “guiso” cuando describe minuciosamente las actitudes de la empleada del servicio y la música que escuchaba cuando él era niño, donde aprendió una forma trágica y dolorosa de vivir el amor. Sin proponérselo, refuerza el concepto comercial de “música para planchar” para referirse a las baladas de los 60 y 70, las rancheras y el vallenato.Así las cosas “lo guiso” era lo no deseable para la clase media, emergente y alta que buscaban identificarse con estéticas mas elevadas como las extranjeras; pero una serie de acontecimientos han logrado lo que hace unos años era imposible: LO GUISO ESTÁ DE MODA.
Veamos algunos de los factores que permiten poner de moda lo guiso en la última década:
1. Carlos Vives con su afán de “buscar en las raíces” un sonido propio; tropicalizó el pop y hasta el rock. Sus hijitos hacen un masacote donde cualquier ruido puede ser adobado con un acordeón.
2. La industria de los López-Araújo convirtió al vallenato en una “política de estado” que se regó por todo el país.
3. La toma del poder por parte del narcotráfico y el paramilitarismo produjo una traquetización de la cultura, tanto a nivel de los estratos bajos que empezaron a soñar con ser los sicarios que haciendo un encargo conseguirían la plata para "comprarle la casita a la cucha", como a nivel de las niñas bien que lo dieron todo para pagarse un kilo de silicona en cada seno, hasta los hacendados y políticos que soñaron con ser los grandes capos. Entonces tomaron las estéticas de la ranchera y la norteña mexicana, la mezclaron con la música carrilera de las cantinas colombianas, la raspa y el chucu chucu y amparados en la tarima de Jorge Barón se inventaron el dudoso género de “música popular”.4. El último factor es la economía nacional, especialmente la crisis económica de los noventa y los dos gobiernos de Uribe que amplió la brecha entre ricos y pobres, haciendo de las estéticas marginales un buen negocio para el consumo masivo.
Y quiero poner solo dos ejemplos:Uno: Fanny Lu, la supuesta estrella internacional del tropipop aúlla (canta) una versión tecno currambera de una canción de lo que antes era música para planchar: “Celos de tuso ojos cuando miras a otra chica tengo celos”. ¿Y no siente vergüenza?.
Dos: Personajes (Artistas, dirían ellos) de la talla de Jhonny Rivera y Giovanny Ayala, salieron de las cantinas y los tablados de los municipios a los grandes escenarios de los canales privados de televisión. Hasta tienen una categoría de “música popular” en los premios lo nuestro, gracias a una buena estrategia de mercadeo se fueron colando en la “cultura oficial mediática”.
La paramilitarización de la cultura colombiana les permitió ubicarse en todas las esferas sociales, altas y bajas y ahí es donde está la paradoja: lo que antes era indeseable ahora se volvió lo ideal, las botas texanas que “Pedro el escamoso” hizo que pasaran de moda, nuevamente son validadas en el uso y el consumo de las clases medias y emergentes.
Pero les faltaba un target del mercado, por eso de cualquier centro comercial sacaron a un tal Pipe Bueno, le pusieron ropa de emo y lo pusieron a vociferar valses semirancheros con sentimiento vallenato y letra de con petensión de tango lacrimógeno, es decir una carrilera light. Con esa pinta aseguraron vender conciertos y afiches de entre las niñas y jóvenes que no podían enamorarse de Rivera o Ayala que están muy maduritos para las adolescentes.
Al recibir alguna distinción en los premios lo nuestro, Pipe Bueno dijo: “Este premio demuestra que hay Pipe Bueno para rato, porque ustedes se lo merecen”. Ese figurín que ni tiene un año de experiencia, ni tiene una propuesta estética decente, ni tiene calidad vocal; nos amenaza con perdurar; pero mi optimismo me dice que en un par de años será solo otro mal recuerdo en la historia discográfica colombiana.Todos estos cambios motivados por los comerciantes del consumo cultural, donde lograron lo imposible: poner de moda lo guiso; terminan siendo la demostración fehaciente de que la estandarización de contenidos e ideología llamada globalización es el proceso macroeconómico donde nos mediocrizan, nos igualan a todos, pero por debajo.
Definición de "Guiso" en wikipedia:
"Guiso (adjetivo) : es un término colombiano que se utiliza para describir a las personas consideradas con mal gusto (mal gusto en el vestir y en portar su aspecto físico), burdas, mal habladas (exagerado maltrato del castellano ejemplo: agregar una "S" al final los verbos al tutear (comistes, dormistes, fuistes, etc) ), de pésimos modales y con costumbres poco ortodoxas o muy enmarcadas en la idiosincrasia colombiana, no está reconocida por la RAE. El origen de esta palabra son las diferencias sociales que se encuentran muy marcadas en Colombia, en la mayoría de los casos este adjetivo es usado para catalogar a personas de estratos socioeconómicos bajos (Aunque no siempre ),los sinónimos en Colombia: ñero, lobo, provinciano, iguazo; es el homólogo al Naco (adjetivo) de México."
Por aquí otro artículo relacionado con la cultura traqueta y la estética del mal gusto.
Cada fotografía tiene el enlaza del lugar fuente.
domingo, mayo 03, 2009
El Arriero
Director: Guillermo Calle
¿Cuándo la ví?: Abril 4 de 2009
El arriero es una historia de amor y traición ambientada en el bajo mundo de las drogas. Basada en el relato “El rebusque mayor” de Alfredo Molano, narra la historia de Ancízar López (Julian Díaz) un “exportador de cocaína”, un arriero de “mulas humanas” cuyo trabajo consiste en reclutar, entrenar y llevar mulas cargadas de cocaína desde Colombia hasta España.
Virginia (Paula Castaño) es el amor de su vida, es una niña blanca de la alta y decadente sociedad costeña con quien se casa y logra hacer una cuantiosa fortuna. En el trascurso de sus viajes Ancízar se enamora de Lucía (María Cecilia Sánchez), una mula caleñoespañola con quien vive un tormentoso romance. Al final las dos mujeres cobran venganza, lo delatan, lo abandonan y Ancízar queda solo y vuelve a empezar su vida como un pescador pobre en el atardecer de la ciénaga. Hasta ahí la historia.
Todo lo demás es un trasfondo que podría existir o no. Y al existir, le resta protagonismo a la historia de amor, pone muchos elementos en juego y empieza a parecer una reiteración de imágenes y posturas típicas del cine nacional. La mula entrenando con uvas para tragarse las cápsulas de cocaína, la estampita de la virgen, la cagada y la limpiada de las pepas, el asesinato de la mula que no entrega las pepas completas, la moral del negocio de la droga… son imágenes reiterativas que se acercan a la monotonía.
La película se excede en temas, en la estructura de muchos temas hilados por un monólogo que se alarga pudiendo ser mas conciso y contundente, digamos una sola historia contada mas ágilmente.
A pesar del exceso en el tema del narcotráfico, El Arriero tiene varios aciertos:
Demuestra que el negocio de la droga permea lo sociedad consumidora. Son los mismos españoles los dealers y los consumidores. Muestra sin tapujos cómo se mueve la droga en diferentes esferas de la sociedad española y demuestra claramente que el “negocio” de la droga es rentable porque es ilegal.
Un personaje secundario como la madre de Virginia, Fabiola Cáserers (Virginia Cossio) con unas cuantas escenas logra configurar un personaje de espanto: una paisa cuchi barbie proxeneta, materialista y sin escrúpulos. Con frases como “Ningún negro vaciado se va a comer a mi hija”, “Para tener una hija como la mía hay que tener mucho billete” y especialmente con el vestuario de quinceañera exhibicionista, con pocas pinceladas logra mostrar lo peor de la alcurnia barranquillera y la cultura traqueta colombiana. Un espanto de personaje que obviamente termina acribillada por unos sicarios a la entrada de su mansión.
“El dinero puede comprar todo”: parece ser la máxima moral del narcotráfico, hasta la policía secreta española y colombiana sucumben a la tentación y limpian la hoja de vida de Ancízar por un arrume de euros.
Julian Díaz logra un protagónico con un tinte teatral pero digno, sobretodo por la complejidad del personaje humilde con ganas de superación y ganas de salirse prontamente del “negocio”.
María Cecilia Sánchez se ve liviana, creible y muy bella junto a la feura natural de Julian Díaz. La primera aparición de Virginia (Paula Castaño) en la playa parece sin fuerza actoral, aunque en el transcurso de la historia el personaje va tomando fuerza y la niña insípida de la que nada se esperaba; se va transformando en una mujer con capacidad de vengarse de marido infiel.
El gran riesgo narrativo de la película es convertir en audiovisual un monólogo literario-periodístico. Poner tanto texto en voz en off e incluso en palabras del propio Ancízar, a veces parece una “licencia artística” que exige demasiado al espectador. El personaje que habla al espectador a manera de narrador y vuelve a la escena, como los apartes del teatro; es un recurso complejo que en este caso sirve para darle un tinte de fantasía a la narración.
La fotografía ayuda a definir la geografía: Barranquilla es Barranquilla y Madrid es Madrid gracias a la temperatura de la luz.
Malama es certero con su estilo urbano basado en el folclor. Es necesario reconocer a los músicos del movimiento de las nuevas músicas colombianas por su aporte a la consolidación de atmósferas en el cine nacional.
Recuperándose del alargue innecesario, la película sale bien librada, el final alcanza poesía en el contraluz del atardecer de la ciénaga y el pescador sin camisa que tira la atarraya dándole otra oportunidad a la vida.
El Arriero entra al debate del cine colombiano no solo como otra película de narcotraficantes; sino por el intento de contar una historia de amor que sucede en ese contexto. Sin ánimo de cátedra moral, por lo menos intenta descubrir la humanidad de ese arriero que logró salir del negocio e iniciar una nueva vida con otra justificación moral: “otra vida es posible”.
Totos tomadas de: www.peliculaelarriero.com
Cada imágen está enlazada a su página de origen.
sábado, mayo 02, 2009
Yo soy otro
Título: Yo soy otro
Director: Oscar Campos
¿Cuándo la vi?: Villavicencio, mayo 2 de 2009
“Yo soy otro” se convertirá en un referente en la historia del cine colombiano pues no es “otra película colombiana sobre guerrilleros y paramilitares”, no es “pornomiseria de madrazo”, no es “una divertida comedia de la clase media colombiana”.
“Yo soy otro” es una propuesta audiovisual arriesgada, difícil, atrevida, independiente y en ese sentido, valerosa, digna y poética. A veces es un ensayo audiovisual sobre la identidad colombiana y otras veces es una novela de ficción bizarra ambientada en este país.
“¿Cómo sabemos quiénes somos?” parece ser la pregunta que motiva la historia de José (Héctor García), un programador de sistemas que se gasta la vida entre “meter drogas y tirar”. Un día descubre unos granos junto a su ombligo y su vida va cambiando como la conciencia sobre sí mismo. Empieza a ver su rostro en los rostros de otras personas y se ve envuelto en el absurdo de la guerra colombiana de “revolucionarios sin humanidad” y “salvadores ilegales” donde todos justifican la violencia con el argumento de la defensa propia, todos quieren eliminar al otro por criminal, por asesino, por delincuente, por terrorista; pero paradójicamente con método ilegales. Pero el otro tiene la misma cara de José. El otro no es mas que un clon “una copia de la copia” del colombiano que sin importar el bando en el que esté: derecho, izquierdo o indiferente; comparten la enfermedad.
La extraña enfermedad venida de la selva llamada litomiasis es la metáfora para hablar de la enfermedad de violencia y horror que contagia a todos los colombianos y ahí es donde “Yo soy otro” adquiere un tono poético que le exige al espectador una actitud menos cómoda que el simple entretenimiento, le exige confrontarse consigo mismo para arriesgarse a responder las preguntas de José.
El ritmo frenético de las imágenes al estilo video clip me recuerda “Réquiem por un sueño”. El tono de la narración en clave de ficción, la música y la desesperación del monólogo del protagonista para hallar alguna respuesta, me recuerda “Pi el orden del caos”. Entonces siento que la historia no es parroquial y puede tener una distribución válida en otros países.
Oscar Campos acierta al desarrollar una historia con ritmo y propuesta audiovisual auténtica, sin concesiones al espectáculo, sin venderse a los canales privados de televisión para ganarse una taquilla, entonces da cátedra como profesor de lenguaje audiovisual y da cátedra como artista independiente.
La nueva industria del cine colombiano requiere mas autores que se arriesguen a contar con ojo propio, que nutran la mirada con otros referentes, que esculquen en temas espinosos para ver si como país salimos a alguna otra parte, ojalá mejor. (Aunque algunos crean que el cine no tiene esa función social; los artistas son quienes sueñan el sueño colectivo que permite el desarrollo de una sociedad.)
Acierta Oscar Campos en el manejo estridente, caótico y desesperante de las imágenes de noticieros y atentados terroristas como un telón de fondo, una escenografía, una voz en off, una realidad paralela en la que a veces habita el personaje central. Esas imágenes “reales” crean una atmósfera narrativa como una extraña voz interior que José no comprende o como un simple recurso visual para contrastar la historia con la “realidad colombiana”, ¿Pero acaso la realidad colombiana es la telenovelización del conflicto? Parece preguntarnos Campos con su primera película.
Acierta el elenco:
Héctor García con el reto de representar diferentes personas con el mismo rostro, con toda la dificultad técnica que esto implica para hacerlo verosímil.
Jenny Nava con su carita inocente expresa claramente el desconcierto de su personaje.
Patricia Castañeda, con mas cancha en la pantalla se ve fresca y creíble.
Ramsés Ramos demuestra la escuela del teatro para la construcción de un personaje.
El equipo de producción apoyado en la Universidad del Valle demuestra profesionalismo en la calidad de su propuesta hablando del ser humano, del mundo desde su ciudad. Ojalá prontamente tengamos voces e imçagenes de otras regiones del país.
Al final la pregunta “¿Cómo sabemos quiénes somos?” queda sin respuesta y quizá por eso la película termina con un bombardeo de imágenes reales de combates y muertos de los diferentes frentes del conflicto colombiano, como diciendo que la única respuesta posible es que “nosotros somos nuestra propia enfermedad”.
Tal vez el texto que resume la película sea el del clon que al ser arrollado por José, desesperado nos grita:
“Ayúdeme que me persiguen, usted es el próximo”.
Fotos tomadas de: www.peliculayosoyotro.com













